La organización Mundial de la Salud, (OMS) calcula que la depresión afecta a 350 millones de personas de todas las edades en el mundo. Se puede presentar en forma leve, moderada o severa. Y presentarse de manera  aguda, episodio puntual generalmente relacionado a algún evento como un divorcio, fallecimiento de un ser querido, etc, o crónica, cuando permanece en el tiempo.

El médico ginecólogo se convierte en el confidente de su paciente. Somos los encargados de evaluar la salud del aparato genital, de la sexualidad, y de los procesos de procreación en la vida de una mujer, en todas las etapas de su vida. Y esto se asocia a muchas conversaciones entre el médico y su paciente que abarcan muchos aspectos de su vida, entre ellas el lado emocional-mental. De manera que en no pocas ocasiones uno de los síntomas que nos refieren puede estar asociados a la depresión.

Cómo sospechar de la depresión

Todos los seres humanos podemos tener episodios de tristeza, generalmente ante algún evento desafortunado o un día difícil incluso. Pero al cabo de pocas horas o algunos días, poco a poco vamos recuperando el ánimo y la motivación de vivir. Incluso una persona con inteligencia emocional, sabe que herramientas le ayudan a sentirse mejor y se aferra a ellas para equilibrar sus emociones.

En el caso de una persona que sufre de depresión crónica, existe un desequilibrio entre los neurotransmisor cerebrales que se encargan de hacernos sentir alegrías o tristezas, de tal forma que no logran salir de un estado de apatía y desánimo  constante.

Entre las características que presenta una persona deprimida están la falta de concentración, apatía y sentimiento de desesperanza, baja autoestima y sentimiento de culpa, problemas para conciliar el sueño, falta de energía y retraerse de las actividades sociales.

La depresión

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La depresión asociada al área ginecológica

En algunas ocasiones la paciente ginecológica nos consulta por esta causa, especialmente en la menopausia. Y es que los bajos niveles de estrógenos pueden estar asociados a un aumento de la sensación de tristeza. Además la menopausia puede coincidir con cambios laborales como la jubilación, y cambios de tipo familiar como ver a los hijos irse de casa incluso a otro país, y estos factores pueden contribuir a la aparición de los síntomas de la depresión. Y no es solo en la menopausia donde la depresión aparece en la mujer; también se describen los casos de depresión postparto y en algunas mujeres puede presentarse una forma grave del síndrome premenstrual que cursa con depresión, y en cualquier etapa de la vida de la mujer, ya que es más frecuente en las mujeres que en los hombres.

¿Qué puedes hacer para mejorar estos síntomas?

Primordialmente ejercicio

La actividad física aumenta los niveles de serotonina y está a su vez produce sensación de bienestar. Es indescriptible y solo lo sabe quién lo experimenta la cantidad de placer que brinda el realizar cualquier tipo de ejercicio: nadar, correr, pilates, yoga, fútbol, bicicleta, Tai-chi, tenis, baile, aerobics, etc…son tantas las modalidades disponibles que decir “que no te gusta ninguna” es cerrarte a un mundo de grandes posibilidades donde además tienes el beneficio de compartir con otras personas, que es la segunda herramienta antidepresiva.

La depresión

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Socializar

Hablar con otras personas te permite entender que no eres la única persona que se siente triste o que tiene problemas, y esto aunque lo no creas ayuda a disminuir este sentimiento, además de conseguir oportunidades para salir y entretenerte.

No te quedes en casa

Recibir los rayos del sol ayuda a combatir la depresión, de hecho estadísticamente es más frecuente que te sientas triste en los meses de frío-invierno.

Consigue una actividad favorita o hobbie

Puede ser que antes de estar deprimida ya tenías un hobbie que abandonaste: pues reinícialo, o empiézalo; es el momento de practicar la pintura, la lectura, la cocina, la pastelera, tejer, cultivar plantas, pasear a tu mascota, coser, jugar cartas, en fin, hay tantas posibilidades, hasta aprender un idioma.

Meditar

La meditación no involucra una religión. Es simplemente aprender a conocerte, a disfrutar el silencio y aprovechar toda la potencialidad que tiene tu mente, a enfocar tu pensamiento en la calma. Simplemente dedica un poco de tu tiempo al día a relajarte, a cerrar los ojos y respirar lentamente, agradeciendo por la vida que tienes y te sentirás mejor. Aprender a agradecer es parte importante de empezar a recibir.

Concéntrate en lo positivo

Es cierto que vivimos una vida compleja y en algunos países más que en otros. Sin embargo concentrarte todos los días en las cosas negativas, no va a solucionar los problemas y mucho menos si estás deprimida. Procura relacionarte con personas positivas, que busquen mejorar las cosas y no empeorarlas.

Cambia tu atuendo

Una renovación de tu manera de vestir o un corte de pelo, un cambio de estilo, es una buena herramienta antidepresiva, y sobre todo para la mujer. ¿A qué mujer no le gusta comprarse unos zapatos o arreglarse el cabello?

Comer chocolate

Esta demostrado que comer chocolate alegra el espíritu. O por lo menos regálate un gusto con tu plato de comida favorito.

chocolate

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Organiza tus prioridades hacia la felicidad

Trata de identificar que te hace feliz y procura hacer esto todos los días, un trabajo que te haga feliz, estar con la persona que te haga feliz; organiza tu vida en función de lo que te brinde felicidad. Y si a corto plazo no puedes trabajar en algo que te haga feliz, trata de hacer todos los días una actividad que te guste.

Contacto con la naturaleza

Ver el mar, subir una montaña, respirar aire puro, son actividades que mejoran el estado de ánimo.

Identifica la depresión crónica

Si los síntomas de depresión no mejoran y se mantienen por más de dos o tres semanas, es recomendable que solicites ayuda médica, bien sea un psicólogo o un psiquiatra, y no te sientas mal por esto, no sólo las personas son trastornos mentales los necesitan. La depresión es una enfermedad, y sentirse triste por un tiempo prolongado puede llevar a otras enfermedades, además del riesgo de atentar contra la propia vida. Puede afectar a cualquier persona. No juzguemos o subestimemos a quien la padece ni a su problema.

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Por. Dra. Peggi Piñango

 

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