En pediatría, el cáncer de riñón más frecuente en los niños pequeños se conoce como el tumor de Wilms. También llamado “nefroblastoma”, este es un padecimiento inusual que suele afectar a niños entre los 3 y 4 años de edad. Se puede manifestar de distintas maneras y presentarse en uno o en ambos riñones simultáneamente.

Los síntomas de esta enfermedad pueden variar desde molestias e hinchazón en el abdomen, hasta dificultad para respirar y aumento de la presión sanguínea. En otras ocasiones los niños no presentan signos evidentes, lo que puede obstaculizar la detección del tumor. Afortunadamente, estos casos son poco comunes y la afección se logra diagnosticar con rapidez, algo clave para mejorar el pronóstico del paciente.

El personal de Mayo Clinic explica que un tratamiento adecuado influye bastante en la calidad de vida de los niños que padecen el tumor de Wilms. Y los avances recientes en su diagnóstico y tratamientos han traído resultados cada vez más positivos. Pero antes de hablar sobre los procedimientos y su efectividad, veamos cuáles pueden ser las causas y los síntomas de este tipo de cáncer infantil.

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Causas y factores de riesgo

El cáncer se produce por un comportamiento anómalo de algunas células en el ADN. Estas anomalías permiten que las células crezcan y se dividan sin control, acumulándose hasta formar un tumor.

Generalmente se desconocen las causas específicas por las que se desarrolla esta enfermedad, aunque, en raras ocasiones, se pueden vincular con factores hereditarios. Por ejemplo, las anomalías del ADN que provocan nefroblastoma pueden ser transmitidas de uno de los padres hacia un hijo. Sin embargo, es muy difícil comprobar que haya una conexión entre padres e hijos que pueda producir cáncer.

Otros de los factores que pueden aumentar la incidencia del tumor de Wilms en los niños son:

  • Ser de raza afroamericana. En los Estados Unidos, los niños afroamericanos corren un riesgo ligeramente mayor de tener un tumor de Wilms que los niños de otras razas. Al contrario, los niños asiático-americanos parecen tener un riesgo menor.
  • Tener antecedentes familiares de tumor de Wilms.
  • Las anomalías congénitas como la aniridia, enfermedad en la que el iris no se forma completamente o está ausente; o la hemihipertrofia, cuando un lado del cuerpo es más grande que el otro.

Ahora, esta enfermedad también puede estar comprendida dentro de síndromes poco frecuentes como:

  • El síndrome WAGR. Además del tumor de Wilms y la aniridia, también comprende anomalías en el sistema urinario y los genitales, así como discapacidades mentales.
  • Síndrome de Denys-Drash. Comprende este cáncer de riñón, enfermedades renales y pseudohermafroditismo masculino.
  • Síndrome de Beckwith-Wiedemann. Este incluye la macrosomia, una estatura mayor al promedio; órganos abdominales sobresalientes en la base del cordón umbilical o macroglosia, tener una lengua grande. Al mismo tiempo pueden tener órganos internos agrandados, anomalías en las orejas y existe mayor riesgo de padecer tumores, entre ellos, un tipo de cáncer de hígado llamado “hepatoblastoma”.

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Los síntomas del tumor de Wilms

Si bien se pueden dar casos asintomáticos, la presencia de un tumor de Wilms se suele notar por:

  • Una masa palpable en el abdomen.
  • Hinchazón abdominal.
  • Dolor en el abdomen.

Por otro lado, los niños también pueden mostrar otros signos menos específicos como:

  • Fiebre
  • Sangre en la orina.
  • Náuseas, vómitos o ambos.
  • Estreñimiento.
  • Pérdida de apetito.
  • Dificultad para respirar.
  • Presión arterial alta.

Aunque haya una mayor probabilidad de que estos sean síntomas de otra afección, es muy importante consultar con el médico cuando se sospeche de la existencia de un tumor renal, especialmente si el niño presenta alguno de los factores de riesgo mencionados. Esto puede evitar confusiones que lleven a un diagnóstico tardío.

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Cómo se diagnostica el tumor de Wilms

Desgraciadamente, no hay ninguna forma de prevenir la aparición de un nefroblastoma. Realizar ecografías periódicas es la manera más efectiva de detectar alguna anomalía renal y diagnosticar el cáncer en sus etapas más tempranas.

Para empezar, los pediatras suelen recurrir a estos métodos para rastrear la presencia del tumor de Wilms:

  • Una exploración física. El médico buscará posibles signos de la enfermedad.
  • Análisis de sangre y de orina. Si bien estos análisis de laboratorio no pueden detectar el tumor de Wilms, ayudan a evidenciar si los riñones están funcionando bien y revelar determinados problemas renales o recuentos sanguíneos bajos.
  • Pruebas de diagnóstico por imágenes. Estas imágenes si pueden confirmar la presencia del tumor. Pueden hacerse a través de una ecografía, una tomografía computarizada o por resonancia magnética.

Una vez diagnosticado el tumor, los médicos necesitan determinar la extensión del cáncer. Para esto se puede recomendar una radiografía del tórax o una exploración por tomografía computarizada junto a una gammagrafía ósea. Estos exámenes dirán hasta dónde se han propagado las células anómalas, si se limitan a los riñones o se han extendido a otras partes del cuerpo.

Estadios de este tipo de cáncer renal

El estudio de esta enfermedad se hace a partir de sus distintos estadios. De acuerdo con las guías desarrolladas por el National Wilms Tumor Study del Grupo de Oncología Pediátrica de los Estados Unidos, los cinco estadios por los que pasa este tipo de cáncer son:

  • Estadio I. El cáncer solo se encuentra en un riñón, está totalmente contenido dentro de este y puede extirparse por completo mediante cirugía.
  • Estadio II. El cáncer se ha propagado a los tejidos y a las estructuras que se encuentran más allá del riñón afectado, como la grasa o los vasos sanguíneos cercanos, pero todavía es posible extirparlo por completo mediante cirugía.
  • Estadio III. El cáncer se ha propagado más allá del área del riñón a los ganglios linfáticos u otras estructuras cercanas dentro del abdomen, el tumor puede desparramarse dentro del abdomen antes de la cirugía o durante esta, o no puede extirparse por completo mediante cirugía.
  • Estadio IV. El cáncer se ha propagado fuera del riñón a estructuras lejanas, como los pulmones, el hígado, los huesos o el cerebro.
  • Estadio V. Las células cancerosas se encuentran en ambos riñones (cáncer bilateral).

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Tratamientos para el tumor de Wilms

Lógicamente, los tratamientos del tumor de Wilms deben ajustarse al estadio en el que se encuentra el cáncer. Por lo general, se puede recurrir a la cirugía, a la quimioterapia o a la radioterapia dependiendo del caso. Según la información de Mayo Clinic, estos procedimientos se pueden dar de la siguiente manera:

·         Cirugía para extirpar todo un riñón o una parte de él

El tratamiento del tumor de Wilms puede comenzar con una cirugía para extirpar todo el riñón o una parte de él. Esto se conoce como nefrectomía. La cirugía también se utiliza para confirmar el diagnóstico, dado que el tejido extraído en la operación se envía a un laboratorio para determinar si es canceroso y el tipo de cáncer del tumor. La nefrectomía comprende:

  • Extirpación de la parte afectada del riñón. La nefrectomía parcial implica extirpar el tumor y una pequeña parte del tejido del riñón que lo rodea. Esta es una opción si el cáncer es muy pequeño o al niño solo le funciona un riñón.
  • Remover el riñón afectado y el tejido que lo rodea. En una nefrectomía radical, los médicos extirpan el riñón y los tejidos que lo rodean, incluso una parte del uréter y, a veces, la glándula suprarrenal. También se extirpan los ganglios linfáticos cercanos. El riñón que queda puede aumentar su capacidad y encargarse por completo de filtrar la sangre.
  • Extirpación de los riñones de forma total o parcial. Si el cáncer afecta ambos riñones, el cirujano elimina la mayor cantidad posible de cáncer de estos dos órganos. En muy pocos casos, esto puede implicar la extirpación de ambos riñones, lo que requeriría que el niño se someta a diálisis renal. Para evitar esto se necesitaría un trasplante de riñón.

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·         Quimioterapia

La quimioterapia utiliza medicamentos potentes para destruir las células cancerosas en todo el cuerpo. El tratamiento para el tumor de Wilms suele implicar una combinación de medicamentos que se administran por vía intravenosa y actúan de manera conjunta para destruir las células cancerosas.

Estos pueden causarle distintos efectos secundarios al niño dependiendo de los medicamentos recomendados. Los más frecuentes pueden ser náuseas, vómitos, pérdida del apetito, caída del cabello y un mayor riesgo de infecciones.

La quimioterapia puede usarse también antes de la cirugía para reducir el tamaño de los tumores y así eliminarlos con mayor facilidad. También se puede usar después de la cirugía para destruir todas las células cancerosas que aún queden en el cuerpo. La quimioterapia también puede ser una buena opción para los niños cuyos casos de cáncer son demasiado avanzados para eliminarlos por completo con la cirugía.

Para los niños que padecen cáncer en ambos riñones, la quimioterapia se administra antes de la cirugía. De este modo, los cirujanos tienen más probabilidades de salvar al menos un riñón y así preservar la función renal.

·         Radioterapia

Según el estadio del tumor, es posible que se recomiende la radioterapia. En esta se utilizan haces de energía alta para destruir las células cancerosas. Los posibles efectos secundarios comprenden náuseas, diarrea, cansancio e irritación en la piel similar a una quemadura solar.

La radioterapia también se puede usar después de la cirugía para destruir las células cancerosas que no se hayan eliminado durante la operación. También puede ser una opción para controlar el cáncer que se ha expandido hacia otras zonas, según las partes del cuerpo adonde se haya diseminado.

Para saber más sobre los ensayos clínicos, los avances en el tratamiento y sus resultados, así como las estrategias de apoyo para los niños pequeños, recomendamos ir al artículo compartido por el personal de Mayo Clinic.

Con información de:

mayoclinic.org:

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