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Para nosotros los simples mortales, es decir, los que no somos especialistas, llegar a definir qué es estar saludables emocionalmente hablado no es tarea fácil, pero lo que si podemos o debemos saber es, cuáles son aquellas características a las que debemos prestar atención, ya sea para buscar ayuda o accionar de la manera más conducente con el propósito de salir de un cuadro que nos esté acercando a la enfermedad mental, o simplemente busquemos la ayuda de alguien preparado para asistirnos; y si se trata de un amigo o familiar, pues podamos brindarle apoyo para que se atienda oportunamente.

Lo verdaderamente esencial entonces es, aprender cómo los sentimientos, los pensamientos y los comportamientos determinan la salud mental y cómo darnos cuenta si nosotros o un ser querido necesita ayuda.

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Señales a atender…

En ciertas circunstancias, podemos experimentar que no somos capaces de lidiar con la situación porque nos desborda emocionalmente o también pudiéramos sentir que ya no deseamos hacer las cosas que antes disfrutábamos, por estar tristes, desesperanzados o desanimados. Lo anterior puede ser normal una semana, pero si dicha distimia se extiende en el tiempo o es algo recurrente, debemos buscar herramientas para no sentirnos así y desenvolvernos con “normalidad” o al menos, cercano a lo que siempre fuimos. Si echando a mano a diversas estrategias persisten estos cambios, debemos buscar ayuda especializada.

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Si la tristeza que experimentamos tiene una causa específica, como un divorcio, la pérdida o la migración de un ser querido, esos sentimientos pueden ser una “reacción temporal normal”. Ahora bien, si tienen síntomas que son graves o que no desaparecen, es posible que estén comenzando a padecer de depresión. Aunque generalmente, si buscamos ayuda médica, es mandatorio que nos sugiera la realización de un examen físico para descartar afecciones ocultas que desencadenen como síntoma la depresión.

Un aspecto importante a considerar es, porque sucede, que por nosotros mismos no podamos percibir si nuestro comportamiento o pensamientos han variado o no, si éstos son los idóneos, por tanto, siempre es bueno que escuchemos a nuestros afectos más cercanos, ya que otros pueden ayudarnos a comprender si nuestra forma de actuar es normal o saludable.

Por ejemplo, si se padece de un trastorno bipolar, es muy posible que el afectado crea que sus cambios en el estado de ánimo sean solo parte de los altibajos normales de la vida. Sin embargo, es posible que sus pensamientos y acciones les parezcan anormales a otras personas, o le estén causando problemas en el trabajo, en las relaciones o en otras áreas de sus vidas. Es allí, cuando el entorno es vital para generar conciencia en el paciente.

Entonces, si se dan cambios notorios en la personalidad; en los patrones de alimentación o de sueño; si se presenta una incapacidad para afrontar los problemas de la cotidianidad; cuando nos ataquen ideas extrañas o exageradas; un exceso de ansiedad, tristezas o apatía prolongadas; cuando comencemos a pensar o a hablar de suicidio; si están abusando de sustancias; si están experimentando cambios extremos en el estado de ánimo o ira excesiva, hostilidad o conducta violenta, deben o debemos buscar ayuda, porque todo lo anterior son señales de enfermedad mental que deben ser atendidas de manera oportuna y asertiva.

No dejen pasar estos comportamientos…

Muchas de los que tienen afecciones mentales consideran que sus signos y síntomas son normales o evitan recibir tratamiento por miedo o por vergüenza. Les pido que, si les preocupa o inquieta su salud mental, no duden en consultar con un médico, pues es mucho lo que pueden ganar. Un padecimiento emocional es tan manejable como uno físico si se atiende a tiempo. Recuerden que el cerebro es un órgano que puede afectarse y, que sus cambios bioquímicos, pueden atenderse como los de cualquier otra parte del cuerpo. Consulten con el médico familiar o pidan una cita con un psicólogo o un terapeuta. Con el tratamiento adecuado, podrán identificar las afecciones y analizar las opciones, ya sean medicamentos y/o la terapia.

Recomendaciones para manejar la tristeza, la frustración y la angustia…

  • Busquen apoyo en círculos cercanos. Fortalezcan y mantengan vínculos de solidaridad con los más próximos. Esto nos ayuda a ser resilientes, es decir, tener la capacidad para superar situaciones adversas. Es muy importante no aislarse, por el contrario, debemos buscar apoyo en el grupo social.
  • Usen técnicas de relajación y organicen sus prioridades. Respirar profundo y hacer un diagnóstico de nuestra situación, determinar cuáles son las dificultades y cuáles las fortalezas, qué tenemos y qué necesitamos, nos ayudará a comprender nuestra situación para accionar en aras de seguir adelante. Es necesario reconocer nuestras emociones y pedir ayuda en caso que estas nos sobrepasen.
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  • Expresen sus sentimientos, con la intención de rescatar y mantener la capacidad para pensar, para entender lo que nos pasa, al oír a los otros y haciéndonos escuchar. La comunicación es una gran herramienta para mitigar el impacto emocional de lo negativo.
  • Escuchar al que necesita compañía. Así como somos oídos, también es importante escuchar al otro, ahora bien, también es válido alejarse cuando al escuchar al otro comenzamos a sentirnos profundamente afectados.
  • Comprender que cada persona maneja la crisis de forma distinta, ya que manejar la vorágine emocional, no se logra siguiendo recetas como las que usamos para preparar un rico platillo, ya que todos de una u otra manera estamos sobrepasados por la magnitud del deterioro de la vida cotidiana.
  • Nos puede ayudar muchísimo mantener rutinas y distracciones, es decir, intenten generar espacios de esparcimiento como, por ejemplo: hacer ejercicios, leer, jugar juegos de mesa (cartas) o salir a caminar en lugares cercanos. También ayuda mantener ciertas rutinas en casa que den estructura, como mantener el orden, la limpieza y los horarios.
  • No debemos engancharnos en las redes sociales, ya que paradójicamente, muchos “viven” en las redes para no contactar con su propia realidad, pero se consiguen con realidades fantasiosas, o con lo feo que la mayoría drena a través de estos medios. Todo eso contamina el espíritu. No suma. O nos pone desdeñar nuestra vida porque vemos una perfección que no es real, o nos expone a los malos sentimientos.

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María Laura García
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