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A veces la vida nos pone retos que lucen más grandes que lo que nosotros creemos que podemos afrontar.  En esos casos, la fe es una gran aliada.

La fe te ayuda a superar tus desafíos

Cuando enfrentamos un reto que creemos superior a nosotros tal vez sintamos que nuestras fuerzas no son suficientes o que la situación se presenta con desventaja para nosotros. Sin embargo, tengo la certeza de que cuando Dios nos pone en una situación es porque tenemos cómo superarla. Creo que a veces Dios confía más en nosotros que  nosotros mismos.

El poder del ser humano es ilimitado y más si el impulso de la tarea a acometer sale del corazón y desde lo que creemos es nuestra verdad. Sin embargo, ciertamente no todas las veces que lo hemos intentado hemos tenido el resultado esperado. Pero esta no puede ser la excusa o referencia para no intentarlo de nuevo. La vida siempre nos pondrá retos y cada uno de ellos, bien sea que logremos lo que deseamos o no, nos dejará una ganancia. A veces esa ganancia  -que no es la que nosotros teníamos planeada- con el tiempo es mejor incluso que la que queríamos recibir originalmente.

En ambos casos creo que se trata de nuestra fe, de saber que hay una Inteligencia Infinita que guía nuestros caminos y mueve delicadamente los hilos de manera perfecta. Si bien no tengo todas las respuestas, tengo toda la fe para continuar incluso cuando no entiendo muchas cosas.  Usualmente repito con frecuencia esta frase en mis talleres: yo hago mí mejor y el resultado se lo dejo a Dios. Creo que es un acto de fe confiar en que lo que ocurre es lo mejor. Esto sin dejar de hacer lo que se supone que debemos hacer y llevarlo a cabo de la mejor manera, con nuestro mejor esfuerzo.

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Una historia para aprender sobre la fe

Si estás pasando por un desafío (individual o colectivo) he aquí una motivadora historia que habla de todo esto.

«Un hombre dormía en su cabaña cuando de repente una luz iluminó la habitación y apareció Dios.

El Señor le dijo que tenía un trabajo para él y le enseñó una gran roca frente a la cabaña. Le explicó que debía empujar la piedra con todas sus fuerzas.

El hombre hizo lo que el Señor le pidió, día tras día. Por muchos años, desde que salía el sol hasta el ocaso, el hombre empujaba la fría piedra con todas sus fuerzas… y esta no se movía.

Todas las noches el hombre regresaba a su cabaña muy cansado y sintiendo que todos sus esfuerzos eran en vano. Como el hombre empezó a sentirse frustrado… decidió elevar una oración al Señor y confesarle sus sentimientos: «Señor, he trabajado duro por mucho tiempo a tu servicio. He empleado toda mi fuerza para conseguir lo que me pediste, pero aun así, no he podido mover la roca ni un milímetro. ¿Qué pasa? ¿Por qué he fracasado? «.

El Señor le respondió con compasión: Querido amigo, cuando te pedí que me sirvieras y tú aceptaste, te dije que tu tarea era empujar la roca con todas tus fuerzas, y lo has hecho. Nunca dije que esperaba que la movieras. Tu tarea era empujar.

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Ahora vienes a mi sin fuerzas a decirme que has fracasado, pero ¿en realidad fracasaste? Mírate ahora, tus brazos están fuertes y musculosos, tu espalda fuerte y bronceada, tus manos callosas por la constante presión, tus piernas se han vuelto duras. A pesar de la adversidad has crecido mucho y tus habilidades ahora son mayores que las que tuviste alguna vez.

Cierto, no has movido la roca, pero tu misión era… empujar para ejercitar tu fe en mí. Eso lo has conseguido. Ahora, querido amigo, yo moveré la roca.»

La gran enseñanza de esta Parábola de Jesús es el intentarlo, con lo mejor que tenemos, con todas nuestras fuerzas y esperanza.

Unir la fe a nuestro poder creador

Cuando tenemos claros que una chispa del poder creador de Dios reside en nosotros, podemos co-crear de forma sorprendente. Algunos podrían decir incluso que es de manera milagrosa. Esto ocurre cuando sostenemos la imagen de lo que se deseamos, tan claro como si ya lo estuviésemos viviendo ahora. Ayudamos a manifestar lo que queremos al sentir emoción de la celebración y de la gratitud. Sostenemos  esas sensaciones constantemente. Eso es fe, agradecer anticipadamente porque tenemos la certeza de que va a ocurrir lo que queremos. Estas emociones son muy poderosas para atraer a nuestra vida lo que tanto anhelamos.

Por supuesto que es preciso trabajar coherentemente en sintonía con lo que se quiere. Debemos dar todo de nuestra parte, hacer todas las tareas que dependan de nosotros. Y luego (a veces lo más difícil) darle el espacio a Dios para que haga Su parte.

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Es importante que sepas que lo mismo funciona cuando es un anhelo personal o cuando es un deseo para una comunidad o incluso un país. Sin embargo, somos tan poderosos, que no se requiere que todos participen. Con sólo una parte de la gente, que constituye lo que se llama masa crítica podemos lograrlo.

Si todavía tu fe no es fuerte, te invito a que la cultives. Verás cuan valiosa se vuelve en tu vida.

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Carla Acebey-
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