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Hay muchas razones que nos impulsan a consumir alimentos más allá de la supervivencia ¿Por qué si no miles de personas siempre optan por atiborrarse de comida en diciembre? ¿O cómo se explica que alguien pida un postre después de no acabarse el primer plato por falta de apetito? ¿O que nos entre hambre viendo un programa televisivo de exquisiteces gastronómicas? A ver si a alguno de ustedes les ha pasado eso.

El centro regulador del comportamiento alimentario es el hipotálamo, conocido también como centro del bienestar, y el hipotálamo recibe señales homeostáticas o fisiológicas, como la existencia de reservas alimenticias en los adipocitos, de nutrientes en la sangre o de determinadas hormonas en el organismo.

El hipotálamo también recibe toda una serie de señales hedónicas –como las que envían los sentidos al percibir los alimentos o las hormonas secretadas por el placer o displacer que provocan esos alimentos– y otras medioambientales, fruto del estrés, la ansiedad, la falta o exceso de sueño, las convenciones sociales o del aprendizaje.

A veces se come “por los ojos”, ya que desde niños a algunos se les inculca que no hay que dejar nada en el plato independientemente del apetito que uno tenga, que en ocasiones se come por preocupación –“si no tomas suficiente fruta al día no estarás sano”–, que de vez en cuando se come sin hambre por no desairar al anfitrión o por antojo porque “me lo pide el cuerpo”, y que otras cosas más.

comer por ansiedad
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Tipos de hambre

De acuerdo con Jan Chozen Bays, pediatra de Harvard y autora de Mindful eating (Comer con conciencia), considera que hay siete tipos de hambre con los que cada persona puede identificarse en uno u otro momento, aquí se las resumo a ustedes.

  • El comer por los ojos, ese que nos hace desear un alimento con verlo.
  • El hambre de olfato. El que nos hace apetecibles las cotufas o un pan recién hecho sólo con percibir su aroma.
  • El hambre de boca. Ese que nos obliga a probar uno y otro plato en un bufet por experimentar diferentes sabores y texturas.
  • El hambre de estómago. La sensación de estómago vacío que lleva a picotear entre horas.
  • El hambre celular. El que nos lleva a satisfacer antojos.
  • El hambre de pensamiento. Ese que nos impulsa a reducir las grasas o a comer más fruta.
  • El hambre de corazón. El que nos impulsa a comer por placer para compensar alguna otra insatisfacción.
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¿Comes por emoción?

Endocrinos y nutricionistas aseguran que, por difícil que resulte explicarlo científicamente, está constatado que hay determinadas circunstancias sociales, familiares y psicológicas que van asociadas a un mayor consumo de ciertos #alimentos, como aquellos que tiene más grasas, más calorías o más carbohidratos –chocolates, galletas, papas fritas o aperitivos crujientes.

La saciedad tiene más que ver con las sustancias que se liberan en el sistema digestivo para informar al sistema nervioso que no hemos comido o que ya hemos comido suficiente, mientras que las ganas de comer están además relacionadas con la información que llega de los sentidos –vista, oído, olfato, gusto y tacto–, que se integra con la que ya tenemos en la memoria y produce una percepción que se asocia con el placer de ingerir alimentos o con la sensación de haber comido suficiente.

Hay estudios que sugieren que los llamados – comedores emocionales – personas que admiten comer sin hambre en función de su estado anímico, por euforia, depresión, ansiedad…– no regulan bien la secreción de ghrelina; y estudios experimentales han comprobado que el cerebro de un animal obeso que come alimentos ricos en grasa produce menos dopamina que el de animales no obesos, y como los niveles de dopamina están relacionados con la satisfacción, se cree que el animal tiende a comer más cantidad para poder elevar sus niveles de dopamina y con ello su bienestar.

Por eso no es raro que una persona baja de ánimo tenga apetencia de chocolate, de galletas u otros carbohidratos, porque sabe que cuando la toma se siente mejor, así que los come tenga hambre o no.

Comer rápido ocasiona problemas intestinales
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¿Qué hormonas se secretan al comer?

De forma sintética podría decirse que las hormonas que regulan el hambre son la leptina, que se produce en el tejido adiposo, y la ghrelina, segregada en la mucosa gástrica.

Cuando una persona pasa varias horas sin comer, bajan sus niveles de leptina (que tiene efecto saciante) y suben los de ghrelina, que estimula el apetito 🙄 Pero cuando se duerme poco también sube la ghrelina y baja la leptina, así que la persona suele comer más.

Muchos estudios han observado que quienes duermen menos también tienen más resistencia a la insulina, que es otra hormona implicada en la sensación de saciedad. También han observado que en las personas que sufren obesidad la secreción de leptina no funciona bien, y que en situaciones de estrés es la ghrelina la que se ve alterada.

Además de hormonas, en numerosos estudios se ha observado que hay #neurotransmisores, como la dopamina, la serotonina y algunos péptidos opioides, que influyen en ese comportamiento desde el cerebro.

Por ejemplo la ingesta de carbohidratos está relacionada con más niveles de serotonina en el cerebro, que es un neurotransmisor implicado en el buen estado de ánimo.

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Dra. Margarita Botero

Especialista en obesidad y medicina antienvejecimiento

Instagram: @drabotero

@energiavitalactivaCentro Médico Antienvejecimiento

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