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El apego es un sentimiento de posesión o pertenencia hacia las personas, las circunstancias y las cosas. Apegarse es aferrarse a algo o alguien con el fin de conseguir un alivio, una solución a lo que creemos que nos está pasando; confiando en que ese “algo o alguien” externo a nosotros nos va a solucionar el conflicto, la carencia, o lo que sea que necesitemos.

Debido a las expectativas que depositamos con el apego, éste viene acompañado de sufrimientos, miedo, juicios. Caemos en el error de identificar el apego como amor (materno, pasional, familiar, etc.), o bien, como aprecio a las cosas que tenemos; sin embargo, como puedes ver, apegarse a algo o alguien en ningún caso es amarlo ni valorarlo.

Por el contrario, sentir la necesidad de mantenerlo contigo a cualquier precio y a costa de lo que sea necesario; es mantener un sentimiento y un vínculo de posesión que te daña y te deteriora, que te impide vivir la realidad de tu propia vida.

Cuesta mucho renunciar al apego que se siente hacia las cosas y, mucho más, hacia las personas, porque se identifica como renuncia. Significa eliminar lazos emocionales; eso provoca malestar, esto ocurre porque no se parte del verdadero significado y por eso se actúa de forma incorrecta.

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Cuando fijas tus metas desde el apego no es un deseo, en verdad es una necesidad de “algo”, por eso no te sientes satisfecho; incluso aunque consigas llegar a esa meta fijada, además, conseguirla se convierte en una tarea dura, porque actúas desde el miedo a perder algo, sientes inseguridad.

El apego sólo te mantiene preso del miedo, te atrapa y te paraliza ofreciéndote una falsa seguridad, en el apego a las cosas o a las personas no está la felicidad. No es sinónimo de amor, sino todo lo contrario, el apego provoca problemas emocionales y físicos, ya que, es un continuo sufrimiento.

Las adicciones y dependencias son apegos enfermizos disfrazados.

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Decir adiós a los apegos en 5 pasos

  1. Empieza a trabajar en ti para aprender a amarte y aceptarte, de esta forma conseguirás la confianza que necesitas para ser libre
  2. Deja de ver a las personas que te rodean como algo tuyo, como algo que te pertenece, respeta su libertad. Comparte con ellas, ámalas, acéptalas tal y como son sin intentar cambiarlas a tu antojo.
  3. Disfruta todas las cosas que te rodean porque están ahí para tu disfrute y para que te proporcionen bienestar; pero no te apegues a ellas, no estés continuamente recordándote el esfuerzo que te ha costado conseguirlas. No las veas como un premio por haber hecho algo para merecerlas. Te las mereces solo por el hecho de existir, de forma natural; a pesar de que nos han enseñado que las cosas buenas hay que ganárselas.
  4. Vive cada momento y circunstancia de tu vida, disfrútalo y permítetelo aún los que, en este momento, identificas como negativos para ti. Sal de esa carrera de fondo entre el pasado y el futuro y permanece aquí, en este momento; porque es el único que puedes vivir. No lo pases de puntillas y pierdas más oportunidades.
  5. Desde este momento párate! Piensa en lo que de verdad deseas y empieza a fijar tus metas y objetivos; que estén en tu misma sintonía y desde tu deseo, no desde la escasez y la necesidad.
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¿Qué logro al soltar?

Cuando fijas tus metas y propósitos desde el desapego, además de alcanzarlos con más facilidad, te satisface conseguirlo!…

¡Disfruta durante el camino!

No te ates a nada ni nadie, solo comparte, ama y disfruta desde el amor, el respeto y la libertad.

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Maite García

Terapeuta, especialista en terapia Ayurveda, naturales, Reiki, PNL, Ho’oponopono, sanadora personal y coach.

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