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Hay quienes prefieren tener la razón que ser felices…

Un poco de contexto…

Es posible que hoy hayas tenido alguna diferencia con alguien acerca de algún concepto, un procedimiento, una manera de pensar o una creencia.

Esto te ocurre casi a diario – por no darlo por verdad absoluta – y varias veces en el mismo día. Luego de terminar la conversación, casi siempre te quedas repitiendo en silencio o con otras personas a quienes eliges porque sabes que te darán la razón o apoyarán tu posición, para ratificarte que aquella otra anda por la vida equivocada y en el mejor de los casos se la encomiendas a los santos para que entre en razón y cambie de idea, es decir, para que entre en tu idea.

En algunos casos te amarga la vida y hasta pierdes el sueño, el apetito y te atormenta la idea de que el otro no piense – sienta – actúe – logre como tú. Y si se trata de alguien con quien has desarrollado un compromiso emocional de guiatura mas aun, como en el caso de amigos y familiares o, empleados y estudiantes.

Hasta este punto seguramente han venido a tu memoria varios recuerdos de aquellos que no piensan como tú, a quienes les advertiste algo, le sucedió como vaticinaste y luego con el pecho hinchado de orgullo le dijiste: “yo te lo dije, pero mira tenia que pasarte. Será que aprendiste que es como yo digo”.

¡Dios que tormento!

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Mi mundo no es tu mundo y viceversa

Es obvio que a medida que nos desarrollamos aprendemos, es decir, cambiamos y a veces el error antecede tales cambios. De hecho hay quienes afirman que de los errores se aprende y yo agrego que si estamos conscientes si, de lo contrario repetimos. ¿Verdad que te ha pasado que repites errores?

Entonces cuando aprendemos creamos fórmulas propias, paradigmas, creencias que nos funcionan y pensamos: “si me funciona a mí, le debe funcionar a otros” y si, seguramente hay mucha gente que piensa como tu o tu piensas como mucha otra gente y obviamente también hay gente que piensa diferente a ti o tu piensas diferente a mucha gente y todos sin excepción tienen éxitos y fracasos en las mismas áreas que tú.

Ya dice el dicho: “cada cabeza es un mundo”, no es que el otro sea diferente lo que te molesta. Lo que realmente te molesta es tu incapacidad de aceptar al otro como diferente.

¿Qué piensas tu cuando otro pretende convencerte de cambiar? Seguro que has llegado incluso a reírte. Te cuento esto: otros pensaran igual que tu cuando pretendes que cambien hasta ser como tú.

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Es necesario que te des cuenta de que en esos momentos cuando quieres al punto de molestarte con alguien para que cambie que estas siendo prepotente y egocéntrico, y que al final ese veneno que se genera ante esa frustración corre por tus venas, por lo que mientras el otro vive su vida con su propio pensar – sentir – actuar – lograr, como también lo haces tú, el cuerpo que se envenena es el tuyo.

¿Entonces qué?

Hernán, entonces ¿que nada me duela? – eso es imposible. Estamos diseñados con emociones e incluso fuimos educados para sentir en circunstancias particulares. Se trata solo de ser empático, de asumir que, así como tú eres diferente, otros también lo son.

Si, claro que puedes compartir tus formas, pensamientos, creencias, recetas, procedimientos como otros lo han hecho contigo, pero recuerda que, así como tú has elegido de otros lo que se ajusta a ti otros harán lo mismo, te guste o no.

Mira a tu alrededor, quiénes componen los espacios en los cuales interaccionas, en cuáles fluyes como el agua y quieres permanecer largo tiempo y en cuáles estas por deber obligado queriendo apresurar los minutos para acabar tu permanencia en ese grupo.

Nuestro mundo

Como seguro ya habrás notado, te unes, te acercas, te afilias, con aquellos que tienen orientaciones del pensar – sentir – actuar – lograr, lo mas parecidas posibles a las tuyas y es así como se constituye eso que llamamos nosotros y desde esa perspectiva somos capaces de defendernos entre nos.

Las diferencias nos separan. Las semejanzas nos unen, desde estas semejanzas hacemos comunidad y estas comunidades contienen de manera implícita o explicita nuestras creencias y normas y cuando estas dejan de ser parecidas nos salimos o somo expulsados.

Y claro que puedes pertenecer a diferentes comunidades porque eres afín a ellas, aunque cada una sea diferente entre sí, pero con certeza has de notar que existe un hilo unificador entre ellas.

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¿Y ahora qué Hernán?

Sencillo.

Pregúntate si aquella diferencia viola una norma que ambos deban respetar y si está a tu alcance, advierte o denuncia y entiende que hasta ahí llega lo que puedes hacer. Si tu vida o tus valores y bienes están en riesgo acude a quien hace cumplir la norma o huye.

Pregúntate, si esa persona esta obligada realmente a ser como tú y te invito a responderte recordando que tú eres diferente a otros que también quieres que dejes de ser como eres.

Toma conciencia de tu flujo pensar – sentir – actuar – lograr y busca incluirte en las comunidades donde puedas construir un nosotros, seguro que existe sin importar su tamaño. Si crees que no existe entonces aíslate y si te queda algo de reflexión busca ayuda profesional.

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Hernán Hernández

Doctor en Educación. Jefe de la cátedra de Psicología. Coach Neurolinguistico. Conferencista Internacional. Motivador. Radio & TV Host.

Instagram / Twitter:  @hernanjhernandez

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