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Recientemente conversé en mi programa de radio, con el Dr. José Moreno González, NeuroPediatra (@Neurotips_Infantil), sobre las convulsiones febriles, porque se trata de una manifestación que preocupa o alarma a muchos padres y, es el “famoso coco” para todos, por el temor a las secuelas que pudiera dejar en el niño según las creencias populares. Por ello, es pertinente que tengan en las manos la información mas adecuada para controlar ese temor y así, saber actuar en esos casos. Esta conversación que me pareció por demás, muy útil, la resumo, a continuación para ustedes.

¿Cómo evitarlas y manejarlas?

Las convulsiones febriles o ahora conocidas como crisis epilépticas febriles, son un síntoma transitorio caracterizado por una actividad neuronal en el cerebro que deriva en manifestaciones físicas peculiares como la contracción y distensión, temblorosa y repetida, de uno o varios músculos de forma brusca o generalmente violenta que puede presentarse en niños entre 4 meses y 5 años de edad, ante la presencia de fiebre.

Se pueden clasificar en simples o complejas dependiendo de la duración y las características de las mismas, por tanto, cuando se presentan las convulsiones en la infancia asociadas a cuadros febriles, lo más importante es tener claro la edad del niño, porque dependiendo de ese factor se establecerá el plan de trabajo para sacarlo del cuadro y evitar que se repita, eliminando la causa.

Para saber qué se debe hacer, lo primero a considerar es que, generalmente, los procesos infecciosos de oído o garganta y en tercer lugar las diarreas son las causas que durante los primeros 5 años de vida del niño, pueden producir fiebre y desencadenar las convulsiones.

También es vital que los padres tengan en cuenta que las convulsiones febriles, en la mayoría de los casos, cursan con un patrón benigno, es decir, que no dejan secuelas, ni trastornos de desarrollo en los pequeños que las llegan a presentar. Los padres suelen agobiarse porque existe el mito que cada vez que se convulsiona por fiebre se mueren neuronas y esto puede dar pie, a diferentes discapacidades.

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¿Qué hago si un niño convulsiona por fiebre alta?

Lo principal es conservar la calma, es importante no cometer excesos, porque en el desespero, los padres entre otras reacciones, agitan o sacuden al niño y esto puede producir lesiones cerebrales. También tratan de abrirle la boca porque piensan que se va ahogar con la lengua, situación que no es cierta y muchos otras, como meterlos debajo de la ducha.

Lo primero e importante en esas circunstancias, que sabemos que resultan dramáticas para papá y mamá, es conservar la calma. También deben poner el niño boca arriba o de lado, nunca boca abajo, no colocarle nada en la cara y deben ir retirando o limpiando todo lo que es secreción nasal más saliva para que el niño pueda respirar.

Otro dato esencial, es darle mucho peso a las características de los movimientos. Cuando los papas llegan a la consulta neuropediátrica debe informar cómo fue el episodio, cuánto duro, qué fue lo que observó en el movimiento, si fueron sacudidas, si fue una postura en flexión o semi flexión y si la mirada estaba hacia algún lado en particular o simplemente si estaba fija; porque esas manifestaciones van ayudar al especialista a prescribir el tratamiento adecuado.

Ahora bien, la recomendación a tener en cuenta es guardar la calma, siempre acostar al niño y no intentar reanimarlo moviéndolo, porque es normal que el infante se ponga cianótico ya que, en ese momento, por los cambios autonómicos cerebrales, el pequeño puede tornarse frio.

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¿Cuánta fiebre es normal? Si sube, ¿El niño puede convulsionar?

El manejo de la temperatura debe ser bien riguroso. La fiebre debe ser medida con un termómetro, preferiblemente de mercurio, y para considerarse elevada tiene que estar a más de 38.3 grados centígrados, medida rectalmente, axilar u oral, dependiendo de la edad del niño.

Muchos padres comentan, al pediatra, que el niño ha estado con un poquito de temperatura y ésta no ha pasado de 37.5 o 37.6; y eso no es fiebre. Sin embargo, si se ve que el niño está decaído, juega menos o tiene menos apetito, hay que suponer que se avecina un proceso infeccioso.

Por otra parte, los grados de temperatura y la intensidad de la fiebre no tiene que ver con las crisis epilépticas. Antes se pensaba que las temperaturas de 40 o 41 ºC el niño podían conducir o precipitar la convulsión y actualmente, se sabe que los mecanismos inflamatorios que desatan la infección, son lo que hace que el niño tenga predisposición a la convulsión. En esta materia también juega un factor importante la herencia, si hay predisposición genética, si papá o mamá presentaron convulsiones con fiebre, es mas probable que los pequeños las presenten ante un cuadro similar. Esto implica que el medico tratante, debe colocar un tratamiento para evitar la convulsión por fiebre.

Prevención … ¿Cómo evitar que una infección progrese a convulsión?

Lo primero es estar pendientes de los síntomas asociados a infección: mocos, tos o con cambios de apetito. Ante eso se debe llamar al pediatra. Este le ayudará a calcular la dosis de un medicamento antipirético adecuada a la edad.

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Generalmente cuando ya el niño tiene antecedentes de crisis fiebre, en el primer año de edad, se podría sospechar que ante otro episodio de esta naturaleza se podría prescribir un fármaco para evitar las convulsiones, no solo en momentos de fiebre si en los estudios neurológicos se detecta alguna alteración que indique que tenga que tomar medicación con o sin temperatura elevada.

Otro recurso que ayuda, en estos casos, es el uso de medios físicos, como quitarle la ropa al pequeño y colocarle paños de agua temperatura ambiente para que la fiebre baje.

En caso que se presente la convulsión…

Como el niño siempre está en compañía de dos o más personas, mientras que uno lo atiende, el otro puede ir tomando el tiempo y las características de las convulsiones, para informar con el suficiente detalle al pediatra.

La primera convulsión genera mucha angustia, porque los padres no están preparados, por eso es bueno estar preparados e informados.

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María Laura Garcia
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