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Según los especialistas, solemos recordar lo que de verdad ha sido o es importante para nosotros, bueno o malo, porque estas vivencias activan en nosotros las regiones cerebrales y las hormonas que ayudarán a guardar dicho recuerdo. Un sabio mecanismo que pudiéramos entender y potenciar si nos valiéramos de la neurociencia.

En los últimos 3 años, les he escrito sobre como precisamente potenciar el funcionamiento de nuestro cerebro y una de sus funciones más importantes como lo es la memoria. ¿Por qué?, Porque, aunque todos estamos expuestos a padecer algún tipo de demencia, no necesariamente tú o yo la padeceremos y, esas señales de olvido que surgen tempranamente, antes incluso, de los 50 años, no representarán obligatoriamente, a la larga, una enfermedad mental, pero si pudieran ser muy leves o poco frecuentes si adoptamos hábitos de vida saludables, esos sobre los cuales tantos les comento a diario.

En la medida que nos hacemos mayores, mi sugerencia es activarnos por el bienestar, en lugar de sumergirnos en el temor al olvido. Es natural que cuando comenzamos a olvidar cosas habituales, temamos que esto sea el principio de una grave enfermedad, como el alzhéimer, pero como les dije, en la mayoría de los casos, eso no ocurrirá.

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¿Por qué olvidamos?

El olvido puede deberse a diversos factores, y no siempre las razones son patológicas; así como olvidar no siempre es malo. De hecho, los millones de neuronas cerebrales y las múltiples conexiones que se establecen entre ellas nos otorgan una capacidad de memoria, según expertos, mucho mayor de la que logramos ejercer, porque, si pudiéramos emplearla en su totalidad podríamos tener problemas para pensar más razonar con normalidad y sin interferencias.

Todo esto es así, porque el cerebro posee mecanismos que actúan como un freno para impedir que la memoria se cargue de mucha información irrelevante. Es decir, absolutamente todo en la vida se debe centrar en un balance en todo, ni recordar mucho, ni por el contrario olvidarlo todo.

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¿Qué solemos recordar?

En algún momento leí, que alguien le preguntó a Albert Einstein qué es lo que hacía cuando tenía una idea nueva, si la anotaba en un papel o en un cuaderno de notas. Al parecer, el genio contestó contundentemente: “Cuando tengo una idea nueva, no se me olvida”. Y yo, le creo totalmente: cuando algo nos emociona tanto como una idea nueva e interesante, es casi imposible olvidarla. Lo que nos emociona no se olvida, y no importa que sean alegrías, buenos momentos, enfados o malos ratos. El cerebro guarda esas situaciones porque la emoción que las acompaña activa las regiones implicadas en la formación de las memorias, es decir, el hipocampo y la corteza cerebral. Además, la liberación de hormonas como la adrenalina contribuye a reforzar la memoria de las situaciones ligadas a la emocionalidad. Y como lo que nos emociona son las cosas que sentimos o apreciamos de verdad, las emociones sirven para que solo lo importante se registre en la memoria y podamos evocarlo.

Regularmente sucede que los recuerdos depositados en nuestra memoria están disponibles, pero no son accesibles, como por ejemplo cuando, en momentos del día, expresamos: “Pero si lo sabía, ¿por qué no me acuerdo?” “lo tenía en la punta de la lengua”, o “¿Qué he venido a hacer aquí?”… En muchas de estas situaciones, la incapacidad para recordar se debe a que la memoria está relacionada con nuestra situación exterior y dichas distracciones de lo externo la trastocan.

Inteligencia emocional
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Rol de la neurociencia…

Valiéndome de otro ejemplo, si estudiamos bajo los efectos de una sustancia estimulante como la cafeína, suele ocurrir que la mejor manera de recordar lo aprendido es volver a la misma situación, es decir, tomar cafeína para hacer regresar ese conocimiento. Si no, es posible que nos quedemos en blanco en el examen. En este caso, el olvido, más que una pérdida de memoria, consiste en la incapacidad de acceder al recuerdo o lo aprendido. De hecho, por esto, es que tendemos a recordar más tarde lo que no podíamos evocar en el momento de la prueba escrita.

También, el recuerdo puede depender del ambiente en el cual nos encontramos, como cuando no reconocemos a una persona si la vemos en un lugar diferente o vestida de otra forma, o cuando no recordamos lo que hemos ido a buscar a la cocina y necesitamos volver al cuarto para acceder a la memoria como tal. Por tanto, la mejor manera de facilitar el recuerdo sería, entonces, situarnos en un contexto orgánico y ambiental lo más parecido al original, en el cual adquirimos la información.

accidente cerebrovascular
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¿Podemos aprender a recordar? …¿O aprender a no olvidar?

Hay conocimientos que se fijan o se perfeccionan con la práctica repetida, como por ejemplo: nadar, los cálculos matemáticos, escribir bien y ser errores ortográficos, andar en bicicleta, hablar un segundo idioma, etc.. En estos, la destreza se desarrolla, sin duda, con la repetición.

Desafortunadamente, el olvido puede surgir también debido a la pérdida de conexiones entre las neuronas. En los mayores, la memoria más vulnerable de olvido es la reciente. Para evitarlo, conviene no descuidar, cuando llegamos a esas edades, el mantenimiento de la memoria reciente utilizando recursos como el repaso mental de lo que no queremos olvidar y ayudarnos con anotaciones. Asimismo, es importantísimo, cuidar las condiciones de salud que permiten que el cerebro reciba suficiente oxígeno y glucosa. Más adelante les enumero cómo.

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Por último, es vital mantener una actividad intelectual de todo tipo, más una actitud positiva que nos motive a esforzarnos para mantenernos en forma, tanto física como psíquicamente.

Recordar…

Te lo he dicho siempre y varias veces hoy, que cuidando tu estilo de vida y adoptando ciertas prácticas tu memoria mejorará. Toma nota:

  • Practica ejercicio físico regular.
  • Evita el exceso de grasas en la alimentación.
  • Duerme lo necesario y garantízate un sueño reparador.
  • Entrena frecuentemente la memoria de trabajo, rétate en ello.
  • Acostúmbrate a hacer memoria o practica el recuerdo de todo lo que te interesa.
  • Cultiva la lectura.
memoria a corto plazo
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  • Aprende un nuevo idioma.
  • Escucha música y aprende a tocar algún instrumento musical.
  • Viaja y conoce nuevos lugares.
  • recurre a lo sencillo.
  • Haz crucigramas o resuelve acertijos.

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María Laura Garcia
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