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Yo creo que sí, pareciera mentira pero un gran número de las personas con las que he hablado, me han comentado, que en estos días están haciendo más cosas de las habituales, porque han tenido que seguir parcialmente con sus cargas, pero también han asumido las de otros por lo que se encuentran abrumados con sus responsabilidades cotidianas, con los nuevos roles más con la angustia de mantenerse saludables, la preocupación de lo que vendrá y/o la ansiedad de la incertidumbre.

Todo esto, nos ha generado un agotamiento emocional y físico con los cuales también hay qué lidiar ahora. Pero si, ciertamente nos debe ocupar y nos llena de más presión (de hecho, me incluyo), porque lo inédito de esta dinámica nos hace sentir, por momentos, “atados de manos”, en medio de un proceso del cual seguramente aprenderemos mucho y nos llenará de numerosas herramientas en medio de un mundo cada vez más retador; bueno, para muestra un botón.

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Otro aprendizaje… Lidiar con la fatiga mental y hasta física encerrados en casa

La fatiga es un cansancio intenso o debilidad generalizada que se manifiesta física y emocionalmente. El cansancio corporal suele estar allí incluso desde el momento que abrimos los ojos, es como si no hubiésemos dormido lo suficiente, y nuestra mente se mantiene aletargada y no reacciona hasta unas dos horas después de estar trajinando, en estos momentos, claro está, en casa.

Al mencionar “la fatiga emocional” hago referencia a un agotamiento mental que se deriva del estrés o la presión, la ansiedad, la incertidumbre y hasta una cierta depresión, sostenidos por semanas. A estas alturas de la cuarentena… un poco más de un mes ¿Puedes sentirte identificado?

Crisis y emociones
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Todos podemos palpar, este cansancio emocional extremo de vez en cuando, pero algunas personas tienen tendencia a experimentarlo más a menudo, pues son más sensibles o más empáticas. Incluso, quien padece fatiga emocional siente que ha agotado todos sus recursos emocionales y no le queda nada más para dar a los demás.

Por tanto, el reconocer que te está pasando, es el punto de partida para enterarte de las medidas que debes adoptar para superar la “falta de combustible para vivir”.

¿Quiénes pueden sentir fatiga emocional?

Este agotamiento extremo puede ser una característica del desempeño de ciertas responsabilidades y/o atravesar distintas situaciones como, por ejemplo, trabajos relacionados con la asistencia a otras personas como el de los médicos, enfermeros, asistentes sociales, psicólogos, psiquiatras, bomberos, etc.; pues el coste emocional de estas profesiones en circunstancia de pandemia o catástrofes,  o incluso en tiempos de “normalidad” suele ser extremadamente demandante, pero si a eso le sumamos las condiciones naturales “per se” del individuo como sus propios problemas afectivos, incapacidad comunicativa o fallas en la adaptación al entorno, ese ser humano será una bomba de tiempo.

Síndrome de fatiga crónica
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Al llegar a este punto, tengo que hacer referencia a que, en un entorno laboral o personal muy agitado (encerrado en casa en pleno proceso de divorcio o con un enfermo terminal o crónico al lado), la fatiga emocional es un síntoma relacionado al Burnout o «Síndrome del quemado«, que afecta a trabajadores que han llegado a un nivel muy alto de desgaste físico y emocional, o los que están viviendo experiencias extremas.

¿Cómo se manifiesta la fatiga emocional?

Por su puesto, que se manifiesta como sucede en otras condiciones, con síntomas físicos y psicológicos, entre ellos, baja tolerancia al estrés o las situaciones estresantes, falta de atención y de motivación; desinterés generalizado, fatiga física o pérdida de energía y despersonalización.

Ya lo advertí: ¡Es urgente identificar la fatiga emocional y actuar!

La fatiga emocional, tarde o temprano, causará problemas importantes para la persona que la padecemos, tanto en lo referente a nuestro bienestar personal como en nuestras relaciones con los que nos rodean. Estas dificultades pueden dar lugar a la tristeza o la depresión como consecuencia de la “falta de control” o “desajuste” que experimenta aquel que está cansado emocionalmente. Por tanto, es necesario buscar salir de ese hueco para evitar problemas innecesarios y lo primero para lograrlo es identificar el o los por qué.

Pero, ¿es posible combatirla?, o mejor aún … ¿la podemos prevenir para no vernos afectados? La respuesta es sí, como ya te dije, pero es vital reconocerla.

síndrome de fatiga crónica
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Pudiéramos pensar que no hay un motivo aparente, pero siempre hay. La fatiga física y mental, siempre se deriva de: una decisión desacertada, pensamientos rumiantes o preocupación excesiva, una mala gestión del tiempo, asuntos sin resolver, desorden mental, discusiones diarias, problemas en el trabajo a los que “no” se les ve salida, relaciones tóxicas, etc.

Por tanto, una vez identificamos el origen de tal fatiga entonces nos tenemos que enfrentar a ella o actuar, para ir eliminando, uno a uno, los detonantes.

Elimina la fatiga emocional y física con…

Medita o reflexiona para calmar la mente. Pon en práctica ejercicios de respiración, meditación, mindfulness, etc. Este tipo de herramientas bajan el ritmo cardíaco y con ello, ganaremos en paz y relajación.

No es sencillo, porque a veces escasea el tiempo, pero no hay de otra, busca dormir las horas suficientes. El ciclo del sueño no se puede ver alterado porque si no se desregula nuestra mente. Necesitamos dormir al menos ocho horas.

También es vital el hidratarnos bien. El agua es como la gasolina de nuestra mente. Trata de beber dos litros de agua al día. Toma el primero al levantarte porque al llevar tantas horas durmiendo el cerebro está menos oxigenado en consecuencia, lo ayudarás a despertar de una forma mucho más activa.

Realiza ejercicio físico, la actividad te ayudará a eliminar toxinas, oxigenará las células y generará endorfinas, es decir, las denominadas hormonas de la felicidad.

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Organízate mejor y aprende a establecer prioridades. No se puede abarcar todo a la vez, así que es imperante que establezcas una lista de pequeñas metas alcanzables y que te dispongas a abordarlas, una en una, sin prisa y sin pausa. A medida que vayas cumpliendo dichas metas, sin presión, te sentirás bien y esto a su vez te alejará la ansiedad más del cansancio emocional.

Ahora bien, también debes saber decir no, tus capacidades tienen un límite, todos las tenemos. Debemos ser el centro de nuestra vida, no otras personas, ni el entorno, únicamente nosotros. No se trata de ser egoístas, sino de entender que somos humanos y que nuestras necesidades también importan y que para estar bien con los demás debemos primero estar bien con nosotros mismos.

Por último, debemos aprender comunicarnos asertivamente o acostumbrarnos a hacerlo conscientemente, pensar y luego hablar, con generosidad y en detalle, es decir, debemos expresar lo que pensamos y sentimos sin caer en conductas sumisas o reproches. Sin duda, una buena comunicación es la solución a muchos malestares emocionales y físicos.

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María Laura Garcia
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