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Seguramente a todos nos ha pasado, que alguien a nuestro al rededor bosteza y, sin poder evitarlo, empezamos a bostezar con esa persona, llegando a la simple conclusión que este gesto hecho por al menos 60% de la población mundial, se contagia. 

Pero el bostezo para muchos no es solo contagiable visualmente, sino también al leerlo, cuando vemos la palabra “bostezo”, así que llegados a este punto, ¿cuántos bostezos llevas ya?

Aunque tengamos una concepción del bostezo desde que somos niños, este gesto lo manifestamos desde temprana edad, incluso antes de estar plenamente formados, en el vientre materno, y esto lo demuestran los ecos donde se puede observar cómo el feto bosteza pasadas tan solo 20 semanas desde la concepción.

Si no lo sabías, el bostezo es un acto humano y no tan humano que, pese a que ha despertado el interés de la comunidad científica, porque a ciencia cierta no se ha determinado una única causa, sino sus posibles motivos, por lo que sigue siendo bastante misterioso el por qué se origina, y más el por qué se contagia. 

Por lo general, bostezamos cuando estamos a punto de irnos a dormir, recién levantados, cuando sentimos hambre y, claro está, cuando estamos muy aburridos. Algunos expertos apuntan que bostezar no parece tener algún efecto ni bueno ni malo sobre nosotros. 

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Es por este motivo que en la comunidad científica se han planteado al menos tres teorías, para explicar por qué se dan los bostezos, que te presentamos a continuación: 

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La teoría de la oxigenación

El médico griego Hipócrates de Cos (460 a. C. – 370 a. C.) sostuvo la idea que bostezamos como mecanismo para eliminar el aire nocivo que acumulamos en nuestro interior.

La teoría de la oxigenación sobre el bostezo defiende la idea que, cuando nuestros niveles de oxígeno en sangre disminuyen se produce la somnolencia y para contrarrestarla, el cerebro hace que se bostece para así introducir mucho aire en el organismo, para subir rápidamente los niveles del gas de la vida.

La teoría de la activación

La idea detrás de la teoría de la activación es que se bosteza para incrementar nuestro nivel de alerta. Esto es, nuestro cerebro nos envía un mensaje de que debemos estar más al acecho.

Este análisis podría ser cierto, aunque todavía es bastante dudoso, sobre que los niveles de alerta antes y después de bostezar sean significativamente distintos, aunque ciertamente no es que bostecemos y estemos tan espabilados como si hubiéramos tomado una taza de café.

La teoría de la termorregulación

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Pese a que las otras dos teorías tienen cierto sustento científico, la teoría de la termorregulación es la que más fuerza ha ganado, porque asegura que cuando bostezamos  se regula la temperatura del cerebro, a modo de refrigeración.

Esto tiene su sentido, dado que se ha observado que la temperatura corporal es justamente la más alta del día y que, al bostezar, conseguiríamos reducirla y hacer que nuestro cerebro funcionase mejor.

Finalmente, aunque no sea una teoría, algunas investigaciones se basan mediante técnicas de neuroimagen, las cuales han descubierto que al bostezar se activan los mismos mecanismos neurológicos implicados con la empatía, además de activarse las tan conocidas neuronas espejo, unas células especializadas en replicar mentalmente los movimientos que vemos en los demás, permitiendo el aprendizaje motor.

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Con información: www.psicologiaymente.com

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