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Lamentablemente nuestro cerebro no pregunta para reaccionar o hacer su trabajo, solo ejecuta para bien o para mal, según pensamos; en consecuencia, procede a partir de lo que ponemos en nuestra cabeza y las ordenes que le demos. Podría usar la palabra, “afortunadamente”, si realmente hiciéramos todo absolutamente conscientes y solo pensando en pro de nuestro bienestar.

Pero no es así, cuando nuestro pensamiento es caótico, descubrimos que, al no pensar, es decir, al dejarnos llevar por las emociones y en función de ellas sentimos, pues segregamos neurotransmisores u hormonas y éstas determinarán lo bueno, y lo no tan bueno que sucederá orgánicamente en el cuerpo.

Por tal motivo, en momentos críticos como los generados por la crisis sanitaria mundial y los grandes problemas que afectan Venezuela, experimentar miedo, rabia, rencor, resentimiento es igual a segregar adrenalina y cortisol. Así como, cuando nos invade la tristeza, el llanto, la desesperanza y el dolor, generamos “dopamina y mixtalina”. Estas sustancias no son las mejores para nuestra salud.

Como ya se los he comentado hasta el cansancio y no me cansaré de hacerlo hasta que se esfuercen en hacer el ejercicio permanente de transformar sus pensamientos en positivos a toda costa, cada emoción negra deteriora el organismo. ¿Por qué? Porque estas sustancias hormonales que se producen a partir de los sentimientos negativos, dañan profundamente el sistema inmunológico, el sistema nervioso central y el sistema endocrino.

Lo que vivimos, no es fácil y no menos dificultoso es balancear el espíritu, lo sé, pero imagínate por un momento cuanta segregación tóxica estamos enviando a estos tres sistemas en medio de la emergencia mundial que estamos enfrentando, sin darle importancia a los “orígenes de la salud”, porque “salud” es sinónimo de sentir “alegría”.

Ahora bien, imagínate que a esta alegría le sumes pensamientos positivos como: ¡Yo sirvo! ¡Yo valgo! ¡Yo puedo! ¡Yo soy! Esta es la mejor manera de ganar en bienestar y sanidad, porque pondrás al cuerpo o tu cerebro a segregar: endorfinas y encefalinas, entre otras sustancias maravillosas para el organismo funciones efectivamente. Entonces, permítele a tu cuerpo pensamientos positivos.

Eso no quiere decir, que niegues ciertas emociones, porque todas son útiles, lo que debes intentar en no quedarte anclado en lo malo. Cada emoción cumple una función: la alegría nos produce bienestar, la tristeza es un espacio para la reflexión, la rabia nos pone alerta y el miedo nos activa o paraliza.

Como les he escrito muchas, pero muchas veces, cada emoción se expresa a través de ciertas hormonas. La dopamina o endorfinas se generan a partir del bienestar. Las de la tristeza se denominan mixtalinas. La rabia y el miedo activan la adrenalina. En síntesis, el fluido hormonal cumple una función para moderar o impulsar nuestras acciones.

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¿Cómo equilibrarnos emocionalmente en medio de la crisis?

Hay varias maneras: unas biológicas y otras cognitivas. Lo primero es respirar eficientemente como diría @Bevione (uno de mis autores favoritos), porque con cada emoción respiramos de una forma distinta y debemos tratar de controlar y usar dicha respiración como “herramienta de bienestar”.

Cuando alguien está bravo, hiperventila y cuando está triste, suspira. La respiración consciente, profunda y diafragmática permite que entre una mayor cantidad de oxígeno al organismo y, ese oxígeno es el principal combustible de la vida.

Por otra parte, el ejercicio físico, puede ayudarnos mucho en este sentido, porque permite equilibrar las emociones propiciando también una forma para lograr una respiración distinta. Por ejemplo, una caminata a buen paso por 45 minutos, puede resultar una excelente forma de equilibrarnos. Otra manera de mantenernos en balance, puede ser el cuidar nuestra forma de alimentarnos y el descanso. Un sueño reparador, es fundamental.

Debemos evitar con el mayor empeño…

La saturación de pensamientos y que la conciencia viva en un estado de vigilia permanente. Hay que reflexionar, analizarse y recrearse de cualquier manera que nos sea posible. Importantísimo es también, evitar en la medida de lo posible, presenciar o ver escenas de violencia o de emociones intensas antes de dormir, porque el inconsciente no distingue lo real de lo imaginario y derivado de ello, es muy factible que los latidos acelerados no te permitan dormir. Adicionalmente, estarás inquieto y comenzarás el día con menos energía para lidiar con el entorno porque tu sueño no fue reparador.

el insomnio
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¿Compartir o no?

En vista de las tensiones y lo imperativo del distanciamiento físico muchos se privan de celebrar o compartir con otros. La pregunta es… ¿Esto será saludable? Los especialistas expresan que cercenar una emoción es no vivir a plenitud. Dejar de compartir no cambiará cierta situación, lo que debemos es buscar la forma de hacerlo sin riesgos sanitarios. Al contrario, al no relacionarnos con otros, le restamos un espacio de endorfinas y bienestar al organismo. No significa ser indolentes, a todos nos duele lo que ocurre, simplemente se trata de emociones encontradas que indican la necesidad de aprender a gerenciarnos mentalmente, para con los recursos disponibles, ya sea el internet o el móvil, encontrarnos con nuestros afectos y así poder alegrarnos con las pequeñas cosas de la vida. Vivir en agradecimiento, es otra manera de acometer este gran negocio que es la vida.

Un poco más sobre las hormonas del bienestar…

Les resumo lo leído amigos. Existen cuatro químicos naturales en nuestro cuerpo que suelen ser definidos como el «cuarteto de la felicidad«, representado por: la endorfina, serotonina, dopamina y oxitocina. Cuando tu cerebro produce uno de estos químicos, te sientes “bien». Cada uno de estos “químicos de la felicidad” ejercen un rol especial que finaliza una vez que el trabajo está hecho.

Endorfinas. Son consideradas la morfina del cuerpo, es decir, una suerte de analgésico natural. Las endorfinas representan «la breve euforia que enmascara el dolor físico». Por ello, ingerir comida extremadamente picante es una de las tantas formas de liberar estos opiáceos naturales, lo cual induce una sensación de felicidad. Pero esta, no es la única forma de conseguir un subidón de endorfinas: bailar, cantar o trabajar en equipo son actividades que también potencien la unión social y la tolerancia al dolor a través de un aumento en las endorfinas.

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Serotonina. Fluye cuando te sientes importante. El sentimiento de soledad e incluso la depresión son respuestas químicas a su ausencia. La estrategia más simple para aumentar el nivel de serotonina es pensar en recuerdos felices. Uno de los síntomas de la depresión es que las personas no pueden recordar momentos felices, por eso, mirar fotos viejas o hablar con un amigo puede ayudar a refrescar la memoria. También exponerse a la luz del sol, recibir masajes positivos y hacer ejercicio físico aeróbico, como correr y andar en bicicleta.

Dopamina. Suele ser descrita como la responsable de sentimientos como el amor y la lujuria, pero también se la tacha de ser la causa de las adicciones. Por tanto, se dice que es la mediadora del placer. Los bajos niveles de dopamina hacen que las personas y otros animales sean menos propensos a trabajar con un fin. La dopamina tiene más que ver con la motivación más la relación de costo y beneficio, que con el placer en sí mismo. Dar el primer paso rumbo a un objetivo y cumplirlo provocan aumentos de dopamina. Además, puede generarse por algo cotidiano, por ejemplo, encontrar un lugar libre para estacionar el carro; o algo más excepcional como, recibir un ascenso laboral.

Oxitocina. Por estar relacionada al desarrollo de comportamientos maternales y los apegos, la oxitocina suele ser considerada como «la hormona de los vínculos emocionales».

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María Laura Garcia
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