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Producto de la aparición del coronavirus Covid-19 al inicio del presente año surge una pandemia, la cual dada su rapidez de contagio y afecciones respiratorias letales. La Organización Mundial de la Salud (OMS), ilustra los gobiernos sobre medidas preventivas para evitar su propagación.

 Esta exhortación a nivel  mundial comprende entre otras, aislamiento social. Quedarse en casa, en muchos países se decretó cuarentena social preventiva. Las actividades laborales y educativas quedaron suspendidas exigiendo a todos los miembros de la familia compartir mucho más horas de las que habitualmente estaban acostumbrados.

De allí nace una nueva dinámica familiar en la cual aspectos que estaban velados aparecieron dentro de la convivencia familiar, como fue la angustia, baja tolerancia, no saber qué hacer con el tiempo libre dentro de la casa,  jugar con los niños, incertidumbre sobre los riesgos de enfermar, uso indebido de los medios tecnológicos de información, recargar en un solo miembro de la familia  los quehaceres del hogar; lo que produjo además un alto nivel de violencia verbal y física.

Esa violencia se convirtió en acciones basadas en las desigualdades en el marco de la dominación del más débil con consecuencias físicas, psicológicas y sexuales. En muchos casos basadas en la cultura machista, la cual se le exige o es forzada la mujer bajo intimidación a interactuar de manera sexual, puede haber acto sexual o no, manoseo, exposición obligantes actos sexuales, acoso sexual. Esto es llamado violencia de género.

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Es importante resaltar, la violencia de género no es exclusiva del hombre hacia la mujer aunque en menor cuantía también hay hombres víctimas. Las consecuencias son devastadoras para la víctima y los hijos quienes son observadores silentes de estos hechos. A nivel psicológico la intimidación no permite la denuncia o la búsqueda de ayuda profesional por temor o por suponer responsabilidad ante lo sucedido. También genera un entorno familiar  desagradable, impide armonía y bienestar, expresión inadecuada del afecto, hijos con conductas disruptivas, inclusive  pueden asumir la violencia domestica como un patrón de comportamiento “normal” .

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Violencia doméstica

Por consiguiente, trajo inclusive alta cifras de feminicidio en muchos países del mundo, cabe destacar estos se originaron como consecuencia de la violencia doméstica. En algunos países  sus legislaciones contemplan sanciones y para otros no es un delito. Así como, algunas religiones refuerzan el poder del hombre exigiendo a la mujer sumisión y obediencia.

Este aspecto tiene un componente cultural, hombre proveedor y mujer doméstica. Estructura social del patriarcado aún vigente en el siglo XXI, el hombre se cree superior por ser el sostén económico del hogar “les da de comer” y el trabajo de organización y mantenimiento de la casa corresponde a la mujer, este se desvaloriza haciéndolo extensivo a ella. Aunque hay mujer que pueden proveerse su manutención siguen culturalmente bajo este esquema, igualmente son afectadas por la violencia.

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Agresor- victima

En este comportamiento violento conseguimos dos protagonistas, el agresor y la víctima. Del agresor podemos ubicar dos prototipos según sus conductas. Uno con baja autoestima, inseguro, con pocas destrezas comunicacionales para expresar sus emociones y un segundo carece de empatía, manipulador, exige atención permanente y exclusiva, se muestra seductor, sus exigencias y deseos están por encima de los derechos de los demás, él solo busca gratificaciones ignorando las necesidades afectivas de la otra parte.

En cuanto a la víctima, en algunos casos ella cree ser la culpable de provocar esas conductas por tanto no se siente en esa posición de víctima. Y cuando lo asume, no denuncia ni busca ayuda por temor  a la represarías de parte de él o que no le crean.

Por ello podemos decir que ambas partes tienen una visión distorsionada de lo que es una relación de pareja, ignorando aspectos importantes de la unión conyugal como son la confianza, el respeto, la tolerancia, la libertad y el amor.  Provienen en la mayoría de los casos de hogares disfuncionales donde la violencia era parte de la cotidianidad.

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¿Qué hacer?

  • Reconocer que estas en un relación abusiva.
  • Separar a la persona del problema al realizar reclamos
  • Entre todos los miembros de la familia buscar soluciones a los problemas en beneficios de todos.
  • Escuchar detenidamente antes emitir opinión
  • Fundamentarse en valores: solidaridad, responsabilidad, respeto y cooperación.
  • Concordancia con el pregón de no violencia.
  • Valorar  la relación armónica de la familia.
  • Acudir a terapia familiar.

Si la situación se torna muy violenta, denunciar ante los organismos competentes y acudir a un centro hospitalario en caso de lesiones.

En conclusión la violencia domestica no es un asunto privado, cuando sabemos de la agresiones en un hogar se debe brindar ayuda. Las relaciones sexuales deben ser consensuadas. Quien te ama te cuida y respeta.

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Dra. Navidia García

Ph.D  Psicología Cognitiva, Master en Orientación de la Conducta

Especialista en Asesoramiento  infantil, adolescente, pareja y familia

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