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¿Cuántas veces comes por comer, es decir sin tener realmente hambre? ¿Te resulta familiar alguna de estas situaciones?

  • Picar entre horas a pesar de no tener hambre
  • Te apetece picar algo dulce como un trozo de chocolate o salado: palomitas de maíz, patatas fritas, entre otros. Después de haber comido o cenado a pesar de no tener hambre.
  • Sabes que debes comer unos determinados alimentos pero te apetecen más otros.
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¿Por qué ocurre esto?

Porque cuando comemos por comer lo que estamos buscando es satisfacer lo que se conoce como el apetito hedónico, es decir lo que buscamos no es satisfacer el hambre sino el poder saborear o disfrutar de un determinado alimento o sabor.

Según estudios publicados, cuando comemos por placer se elevan los niveles de la hormona grelina y otras sustancias de nuestro organismo que no se producen cuando comemos “por necesidad”. Según los autores de la investigación, este circuito ignora las señales de saciedad que el cuerpo experimenta para indicarnos que hemos comido lo suficiente, de ahí que comamos por comer y sigamos comiendo a pesar de que probablemente con menos calorías ya se hubiese cubierto lo necesario para hacer funcionar a nuestro organismo.

El hambre hedónica y su relación con la obesidad

Además, de este hecho, da la casualidad que son las comidas especialmente sabrosas, dulces o saladas y poco saludables las que favorecen el hambre hedónica lo que nos lleva no sólo a comer más de la cuenta sino alimentos poco saludables con muchas calorías hasta el punto de que algunas investigaciones apuntan a que el hambre hedónica nos puede llevar a consumir de media más de 2.500 calorías diarias de las necesarias.

De ahí la necesidad de recurrir a técnicas como el Balón Intragástrico o el Método POSE para conseguir esa sensación de saciedad que no conseguimos o a la que no siempre hacemos caso de otro modo.

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Se cree que el sistema hedónico evolucionó desde el momento en que los humanos eran cazadores y recolectores y no siempre sabía de dónde vendría la próxima comida. El hombre primitivo desarrolló la necesidad de anular la homeostasis y de comer más de lo que el cuerpo requería. Pero hoy en día, los expertos creen que el hambre hedónica se ha convertido en una responsabilidad, responsable del aumento de los niveles de obesidad.

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