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La mayoría de las drogas ilícitas que conocemos como la heroína, la cocaína, el cannabis o las anfetaminas, realmente tienen sus orígenes en «utilísimos» y benéficos como medicamentos.

Por ejemplo, la cocaína, un alcaloide de la planta de la coca (Erythroxylon coca) aislado en 1859 por el químico alemán Albert Niemann, fue comercializado como medicamento en Estados Unidos en 1882, fundamentalmente para el dolor odontológico en los niños y para el tratamiento de la gota.

Pero quien verdaderamente descubrió sus propiedades farmacológicas fue el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, que para 1884 llegó a sus manos un artículo de un médico militar alemán que llevaba por título «Importancia y efectos psicológicos de la cocaína«, y aunque nunca había oído hablar de esta sustancia, intuyó la posibilidad que podría servir para el tratamiento de ciertas enfermedades mentales.

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Freud y la cocaína

Aunque al principio probó él mismo la cocaína, comprobó una mejoría en su estado depresivo, además de una mayor seguridad y capacidad de trabajo, para luego en el transcurso de sus ensayos, Freud pudo certificar que la lengua y los labios quedaban insensibilizados después de haber consumido esta droga, además de darse cuenta  que calmaba los dolores de la mucosa bucal y debidos a gingivitis.

De allí que escribiera su famoso trabajo Über Coca («Sobre la coca»), en el que afirmaba que esta sustancia era un medicamento muy eficaz para combatir la depresión, eliminar molestias gástricas de tipo nervioso e incrementar la capacidad de rendimiento físico e intelectual y afirmaba también que no producía hábito, ni efectos secundarios, ni vicio.

Tras cinco artículos de auténtico proselitismo sobre la cocaína, Freud abandonó su defensa y finalmente se negó a que éstos figurasen en sus obras completas, tras comprobar sus efectos indeseables, incluida la muerte de su amigo y colega Ernst Fleischl.

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Cannabis como anticonvulsivante

Por otra parte, la historia del cannabis, es que esta droga fue introducida en la medicina occidental por el médico irlandés William Brooke O’Shaughnessey, profesor del Colegio Médico de Calcuta, quien publicó, en 1839, sus propiedades anticonvulsivantes.

Un año después pero en Inglaterra, Sir John Russell Reynolds, médico personal de la Reina Victoria de publicó en 1890, en The Lancet, un artículo donde resumía sus treinta años de experiencia clínica con el hachís en el tratamiento del insomnio, neuralgias, jaquecas, epilepsia o dismenorrea, entre otros trastornos.

Luego para finales del siglo XIX, el cannabis o hachís, en diferentes presentaciones, era ampliamente utilizado en la práctica médica y se encontraba presente en todas las farmacopeas occidentales. Sin embargo, su uso terapéutico declinó tras su eliminación de la Farmacopea Británica, en 1932.

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Con información: www.bbc.com

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