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Las niñas que más presentan vulvovaginitis son las de edades comprendidas entre los 3 y 6 años, una patología frecuente pero benigna, que consiste en la inflamación de los genitales externos.

Es por ello que la vulvovaginitis recibe su nombre, porque se ve afectada la vulva y vagina, donde la mayoría de los casos, los orígenes de esta inflamación es inespecífica, que se resuelve con tratamiento sin ninguna secuela.

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Síntomas de la vulvovaginitis

Los síntomas de la vulvovaginitis son distintos entre las niñas, quienes pueden presentar ciertos grados de intensidad a comparación de otras, como los siguientes:

  • Irritación en la zona genital: enrojecimiento, inflamación con picor o quemazón.
  • Secreción vaginal anormal: por lo general, las niñas en condiciones normales, no tienen secreción vaginal y cuando hay vulvovaginitis, esta secreción puede ser grisácea o amarillenta y con un olor fuerte.
  • Problemas en la orina: molestias o un sangrado escaso al orinar.

¿Cuáles son las causas?

Las causas que originan la vulvovaginitis, son inciertas, pese a lo que se sabe hay varios factores que la desencadenan como:

  • Falta de desarrollo: en estas edades, los labios mayores de las niñas aún están poco desarrollados. Además, no hay vello en la vulva. Ambos son factores protectores de irritantes y de bacterias en la vulva y en la vagina. Su ausencia hace que los genitales externos estén más expuestos.
  • Bajos niveles hormonales: los estrógenos, una de las principales hormonas sexuales femeninas, se presentan en niveles muy bajos a estas edades. Una de las funciones de los estrógenos es mantener el pH de la vulva y de la vagina ácido, lo que protegería del ataque de muchos microorganismos. Con niveles tan bajos de esta hormona, el pH de los genitales es más alcalino, por lo que son más susceptibles.
  • Higiene inadecuada: la etapa infantil coincide con el comienzo de la autonomía de las niñas a la hora de ir al baño. Muchas veces, las pequeñas de la casa, aún no saben cómo limpiarse de forma correcta tras hacer sus necesidades. Por ejemplo, es posible que se limpien de atrás hacia delante, arrastrando consigo gérmenes desde el ano. Esta higiene insuficiente o incorrecta facilita que microorganismos de las heces lleguen a la vulva y la vagina.
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  • Ropa y otros irritantes: quizás la ropa interior de la niña puede no ser la adecuada. Esto puede ser por lo ajustada o por la composición de los tejidos. Además, muchas veces, utilizamos jabones y otras sustancias para la higiene, como toallitas, que también pueden alterar el pH y la protección natural de la piel.

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Con información de www.eresmama.com

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