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Durante estos últimos meses, una de las ideas que más hemos escuchado de todos: periodistas, intelectuales, empresarios, emprendedores y amigos es la “necesidad de adaptarnos al nuevo normal” que se deriva de la expansión del Covid-19 a nivel mundial, claro está, con la finalidad no solo de sobrevivir sino de adaptarnos a lo que será una “nueva realidad” que llegó para quedarse. Quien no lo acepte no solo corre el riego de paralizarse en lo económico y social, sino también de enfermarse emocionalmente y con el tiempo, seguramente también orgánicamente.

Debemos internalizar y asumir que nosotros, como generación, estamos siendo marcados con un antes y el después de una pandemia.

Sin excepción, estamos pasando por un valle transformador y todo lo que conocemos en materia de sociedad, comercio, salud, economía, finanzas, entre otros ámbitos, será distinto post Covid19. Por ello, rebuscar en el pasado cercano las formas o soluciones para avanzar puede ser errado en gran medida. Es como una banda elástica que se expandió y que nunca volverá a su forma original y eso será lo que denominaremos “nuevo normal”.

Según Wikipedia, la “nueva normalidad” es una expresión que se había usado en el ámbito de la economía, las finanzas y el comportamiento social, en general, para describir las nuevas condiciones financieras tras la crisis de 2008, las secuelas de la “Gran Recesión”, pero ahora, se está empleando para definir la “situación general” que ha provocado la pandemia del Covid-19. Lo cierto es que, el término se ha usado en una variedad de contextos para dar a entender que algo que antes era anómalo ahora es común.

Y a pesar, que hemos tenido experiencias diversas en el devenir humano que han transformado la rutina del hombre de manera importante, muchos en su muy normal resistencia al cambio, todavía siguen idealizando la zona de confort de la que venían y están esperando a que se acabe todo esto, en dos meses, para volver a tener su misma empresa, emprendimiento, trabajo, sociedad y rutina. Los que aún sienten así, seguramente terminarán muy frustrados, paralizados, impotentes, rabiosos y enfermos.

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Debemos asimilar más entender que el aprendizaje apenas comienza y que el primer paso para reinventarnos debe ser el desprendimiento con la meta de lograr desarrollar nuevas habilidades y capacidades adaptadas a un nuevo entorno, aderezado todo esto con una gran dosis de humildad.

Tenemos que fabricar el “nuevo normal” siguiendo nuevas reglas y posibilidades, es decir, conformes a una nueva forma de hacer las cosas con el propósito de mantener la salud. Debemos redimensionar las bases: el hogar, las relaciones, los valores y principios; lo que implica un gran reto, sobre todo para los jóvenes que parecieran no tener claro lo esencial de lo heredado de generaciones pasadas.

Ahora bien, nada de lo anterior tiene una connotación negativa, solo que debemos tener muy presente que las estrategias del ayer no servirán hoy porque este nuevo modo redefinirá muchas cosas como las conocíamos hasta enero 2020. Entonces, creo que ya estamos tarde, si no hemos iniciado a redefinir nuestra manera total de vivir.

El lujo que conocíamos basado en una exhibición de riqueza seguramente cambiará y los que hacían gala de este tipo de vida quizás comiencen a valorar otro tipo de cosas más allá de la adquisición de bienes, es decir, cosas basadas más en experiencias con su entorno y personas cercanas.

En cuanto al turismo, es posible que la gente se incline a lo natural, a lo muy exclusivo, al bienestar, la aventura y la sostenibilidad, es decir, el turista buscará un entorno más limpio, menos concurrido y más saludable.

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Todos aquellos que no se adaptaban a entornos virtuales lo han tenido y tendrán que hacer de golpe. Ahora hay una masa mayor usando y comprando en plataformas digitales. Además, aquellos sectores que se daban el lujo de mal tratar a sus clientes, ahora les pondrán alfombra roja y todos volverán a valorar el servicio. Las marcas de naturaleza solidaria, no forzada, serán un imán para nuevos clientes.

La percepción de estabilidad basada en lo material ya no existirá más, porque seremos conscientes de que, en cualquier momento, lo que tenemos se puede esfumar. Por lo cual, el concepto del valor que le dabamos a las cosas y a las personas cambiará radicalmente.

El trabajo como lo conocíamos cambió, nos trasladaremos menos y usaremos más los entornos virtuales.  Estamos en un momento empresarialmente de sobrevivir o parar la hemorragia, detener lo que genera mayor impacto primero y luego con lo que queda reinventarnos.

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Después que todo esto pase e incluso desde ya, están cambiando los hábitos de consumo, las interacciones sociales, la interpretación de los mensajes y esto, tarde o temprano, nos terminará transformando a todos.

Nos vamos a tener que acostumbrar a llevar la mascarilla tras el fin del confinamiento por coronavirus y la distancia social será otra de las normas a seguir por un buen tiempo.

Muchos expertos en salud pública coinciden en el hecho, de que todas nuestras costumbres sociales se verán trastocadas, comenzando con los habituales saludos acompañados por besos o abrazos.

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¿Cuándo volverán?

Las reuniones masivas deben seguir siendo escasas y esto podría descartar muchas bodas, eventos deportivos o conciertos. Impediría un regreso absoluto a los trayectos al trabajo en transporte público. Muchos centros comerciales, gimnasios, restaurantes, bares y templos de oración podrían permanecer cerrados parcial o totalmente, al igual que muchas oficinas y fábricas. Esto per sé representa un cambio no manejable, en lo inmediato, de nuestra realidad.

Es probable que los viajes sigan estando bastante restringidos, en especial porque las sociedades que han controlado sus brotes querrán evitar que se presenten nuevos casos.

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En resumen, el mundo como lo conocíamos tardará en volver o quizás nunca regrese y se transforme para dar paso a un nuevo orden y debemos estar muy conscientes de ello, para evitar las repercusiones psicológicas negativas que esto puede provocar.

¿Cómo afecta la psique los esquemas trastocados?

La pérdida de control de nuestras rutinas, de la sensación de normalidad, la libertad, las conexiones cara a cara, etc., han originado en muchos niveles máximos, casi universales, de ansiedad, depresión y enojo, pero también han dado pie, gracias a Dios, a un aumento en las conductas enfocadas en recuperar un sentido de autonomía y control, ya que las personas han comenzado a trabajar en sus hábitos alimenticios, de higiene en general e incluso, han comenzado a leer más noticias. Ello, se da, porque durante épocas de cambios prolongados y radicales, las personas terminan transformándose.

Tanto es así, que cuando el brote de coronavirus esté bajo control, posiblemente la aversión hacia los extraños o los grupos numerosos de personas, más la amenaza de infección que estos podrían representar, resuenen en nuestras mentes durante años como un trauma por lo vivido.

Agradecer y fluir en “nuevo normal”…

Lo único seguro en esta vida es que todo cambia constantemente. Algunas de esas transformaciones son inesperadas y hasta pueden producir sentimientos negativos en nosotros. Por eso no debemos olvidar que cada cambio es una oportunidad para que Dios transforme nuestro corazón. No permitamos que estas situaciones imprevistas nos roben la paz. Es en los procesos más difíciles en donde nuestras convicciones se fortalecen.

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La única forma en que las cosas se hagan nuevas es a través de procesos de transformación y esto solo se logra a través de los cambios. Sin importar los sacrificios que representan los cambios procuremos mantener una buena actitud ya que si solo disfruto las cosas cuando salen bien, me va a costar mucho vivir con alegría y esa actitud lo es todo.

Finalmente, estas dinámicas en la “nueva normalidad” van a requerir modificaciones inteligentes en nuestro comportamiento. Adaptarse a esta nueva normalidad será esencial para recuperar lo perdido en esta “Gran Pausa” o “Gran Encierro” más para poder sanar la parte económica y social que se ha afectado.

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María Laura Garcia
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