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Los especialistas han descubierto una poderosa conexión entre el sistema digestivo y el cerebro más de las emociones que se generan en este gran y poderoso control remoto del cuerpo, ya que como habrás escuchado o leído la bioquímica cerebral se pone en funcionamiento a partir de lo que sentimos, ya sea sumando o restan bienestar. Por eso, factores psicológicos como la ansiedad o depresión influyen de manera directa sobre nuestra digestión.

Refrescando un poco de lo aprendido en biología de bachillerato, el aparato digestivo que se extiende desde la boca hasta el recto y, no sólo se encarga de recibir los alimentos, procesarlos gracias a la digestión y pasar los nutrientes por absorción al torrente sanguíneo más, por último, eliminar los restos; sino que también recibe ciertas “sensaciones” derivadas de nuestros pensamientos que, pueden ser descritas con frecuencia en nuestro estómago. Dichas sensaciones por lo general son incomodas.

Estudios recientes han demostrado que factores psicológicos, como la ansiedad, pueden ser la causa de algunos síntomas estomacales como la dispepsia, más conocida como indigestión, la gastritis e incluso las úlceras. Es tanta la conexión entre el cerebro y el sistema digestivo, que a veces se necesita de una valoración psicológica para diagnosticar estos problemas ya que, hasta un 50% de las personas que sufren un trastorno digestivo, es porque además padecen de ansiedad, depresión u otro trastorno mental tratable.

Trastorno de Ansiedad
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¡Sintiendo e indigestándote!

Algunos trastornos digestivos pueden manifestarse simultáneamente en muchas de sus partes. Diarrea, estreñimiento, hemorragia y regurgitación o reflujo gastroesofágico, es decir, el regreso del contenido gástrico hacia el esófago sin que haya náuseas, con síntomas que sugieren la existencia de un trastorno digestivo.

Ciertas personas describen padecer de “indigestión” como algo impreciso para referirse a cualquier problema digestivo, porque hace referencia a una gran variedad de problemas como dispepsia, náuseas y vómitos, reflujo, una sensación de tener una masa en la garganta o sensación de globo, similar a lo que se experimenta durante acontecimientos tristes, o ante la ansiedad, el enfado, la ira o la felicidad.

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Lo que más nos afecta…

La dispepsia, conocida comúnmente como indigestión, es uno de los trastornos digestivos más frecuentes de consulta médica, caracterizada por molestias en la parte superior del abdomen, después de ingerir alimentos sólidos o líquidos.

Las personas con dispepsia presentan ardor, pérdida del apetito, náuseas, eructos e incluso mal aliento, por ello, lo recomendable es asistir a un especialista para que haga el diagnóstico y comience tratamiento bajo la estricta vigilancia de los médicos.  Y este abordaje terapéutico debería ser multidisciplinario: gastroenterólogos, nutricionista, psiquiatras y/ o psicólogos.

¿Cómo mejorar la calidad de vida emocional y estomacal?

Siguiendo con la conexión entre el sistema digestivo y el cerebro, la ansiedad puede causar o empeorar la dispepsia, posiblemente al incrementar la percepción de sensaciones desagradables haciendo que un malestar menor pueda volverse muy angustioso. En otros casos, la ansiedad puede empeorar la anormal sensibilidad en el estómago o provocar que una persona suspire o respire con dificultad e incluso, trague aire.

Los gastroenterólogos, por ejemplo, están preparados para atender clínicamente estos trastornos gástricos con una variedad de opciones terapéuticas efectivas que van desde antiácidos hasta los inhibidores de la bomba de protones que son, actualmente, un grupo de medicamentos cuya acción principal es la reducción pronunciada y duradera de la producción de ácido en el jugo gástrico. Estos medicamentos, están entre los más usados en el mundo debido a su eficacia y seguridad, ya que disminuye rápidamente el exceso de ácido producido en el estómago logrando alivio de los síntomas, curación de las lesiones (úlceras) y lo más importante, cuenta con una adecuada tolerabilidad de la medicación por parte del paciente.

reflujo gastroesofágico
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Pero no solo se trata de eliminar los síntomas o incomodidades orgánicas y digestivas, lo esencial es tratar también los desencadenantes emocionales y hasta alimenticios. En estos casos, aprender a manejar y a aliviar nuestras emociones de la mano de expertos es claves, así como también incorporar a nuestro día a día hábitos positivos que sumen: ejercicios, yoga, lectura, buenas amistades, sueño reparador, más una alimentación moderada en cantidad y balanceada.

Finalmente…

En caso de presentar síntomas, lo más importante es acudir a especialistas para recibir la atención médica pertinente y evitar sensaciones incómodas que se reflejan directamente en nuestro sistema digestivo haciendo que el estómago “se haga sentir” y desmejorando sustancialmente nuestra calidad de vida.

Mi recomendación, como siempre, es que trates de modificar tu estilo de vida reduciendo las situaciones que puedan generar estrés, porque a pesar de la distancia en el organismo, entre el cerebro y el estómago, los efectos psicológicos pueden influir directamente en la buena salud del aparato digestivo.

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María Laura Garcia
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