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2020 un año de pérdidas de todo tipo

Las distintas pérdidas generan un duelo emocional y debemos aprender a vivirlos, pero también superarlos para no perder el equilibrio que nos mantiene saludables mental y físicamente.

Los duelos siempre son asociados a la pérdida un ser querido; pero el dolor, la tristeza y el resto de emociones que se derivan de los mismos también pueden ser de igual o mayor intensidad y complejidad en otras formas de pérdida: de la pareja, de un trabajo, empresa o estabilidad económica; la migración, la infertilidad, el envejecer, el perder la libertad, la salud, la imagen física, es decir, engordar, adelgazar, desfigurarse por un accidente, enfermedad o tratamientos, etc..

Un elemento común en la pérdida emocional y el subsiguiente proceso de duelo emocional es que el desencadenante es un acontecimiento o situación que no está bajo nuestro control, y que trae consigo emociones como impotencia, incredulidad, frustración, desesperanza, incertidumbre, miedo y por supuesto, tristeza.

Tras acontecimientos duros, que impliquen un duelo emocional, transcurridos los días y después de la confusión, el miedo, la ira o frustración… una de las emociones que termina paralizándonos y hasta enfermándonos es la tristeza.

Para manejar esta intensa emoción, debemos inicialmente reconocerla, asimilarla para aprender a administrarla y después poder superarla.

¿Qué es el duelo emocional?

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Se trata de un proceso de adaptación que nos permitirá restablecer el equilibrio personal que se ha alterado por la pérdida. Una pérdida o despedida siempre supone un gran dolor, tristeza, desestructuración y desorganización. Pero todo eso es necesario porque ayuda a adaptarse a la “carencia”.

Su duración es muy variable, cada persona tiene su propio ritmo y necesita un tiempo distinto para la adaptación a su nueva situación. Podrás sentir: tristeza, enfado, culpa, bloqueo, ansiedad, soledad, fatiga, rabia, impotencia, alivio, insensibilidad, confusión, miedo, vacío, incredulidad, confusión y preocupación. También sensaciones físicas como opresión en el pecho, la garganta, vértigos, náuseas, temblores, irregularidades del ritmo cardiaco, falta de aire, falta de energía, vacío en el estómago, llanto, apatía y alteraciones en el sueño.

¿Qué se puede hacer?

Te invito a que cada vez que sientas dolor, esa tristeza tan intensa que puede llegar a invadirte, intentes sustituirla por amor, amor hacia lo que tuviste, amor por todos los buenos momentos vividos a lo largo de tu existencia, es decir, AGRADECIMIENTO, pues lo tuviste. “Ahora no es momento de pensar en lo que no tienes. Piensa en lo que puedes hacer con lo que hay” (Hemingway).

Nadie puede todo solo, la vida compartida con diversos afectos es más sencilla, así que busca apoyo: “Aunque todos debemos intentar encontrar sentido a nuestras pérdidas y a la vida que llevamos después de sufrirlas, no hay ningún motivo para que tengamos que hacerlo de manera heroica, sin el respaldo, los consejos y las ayudas concretas de los demás” (Neimeyer).

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Pide ayuda si lo necesitas, los profesionales de la salud como, por ejemplo, los psicólogos están para ayudarnos. El apoyo de un profesional podría conducirte a desarrollar resiliencia y a buscar estrategias para superar la tristeza y otros sentimientos abrumadores. También, los buenos amigos y la familia, las famosas “redes de apoyo” también son grandes herramientas para enfrentar cualquier tipo de pérdida.

Es normal sentir tristeza, rabia, frustración y hasta agotamiento, pero debemos actuar si dichos sentimientos después de un tiempo prudencial no aminoran, debes cuidarte y cuidar de tu familia. Comer bien, hacer ejercicio y descansar ayuda a superar cada día y a seguir adelante. Apoya a otras personas que también lidian con la pérdida u otras situaciones problemáticas. Rememora y celebra la vida de ese ser querido o de lo que hayas vivido o tenido, pero que ya no.  La elección es tuya, sólo tu sabes cuál es la forma más significativa de honrar tus experiencias, posesiones o tus relaciones, esas que ya no están.

María Laura Garcia

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