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En la vida, es imposible complacer a todo el mundo, incluso a nosotros mismos. Muchas veces, nosotros en el afán de ser buenas personas, pensamos que debemos hacerlo, es decir, atender las demandas de los demás y decir siempre SI, porque pensamos que decir NO, en muchas ocasiones, nos pone a ejercer el rol de villanos, aunque es todo lo contrario, porque el negarnos nos ubicaría en la posición correcta y nos alejaría del abuso de otros, regalándonos a su vez calidad de vida emocional.

Si lo piensas bien, quizás una de las formas de no triunfar en tus propósitos es tratar de complacer a todo el mundo. No solo porque sin importar el resultado de tus acciones, siempre va a haber algún descontento, sino porque al desvivirte por otros, seguramente dejarás de hacerlo por y para ti, porque tendemos a ubicarnos en los extremos y no somos balanceados.

Cualidades para aprender a decir NO.

La asertividad, es una, ya que resulta un pilar fundamental para desarrollar la segunda, que no es otra que una buena autoestima. El estar en armonía con nosotros mismos y la asertividad comunicativa nos permite conectarnos con otros de manera efectiva dándole valor nuestras opiniones, derechos y necesidades.

Uno de los problemas a los que se enfrentan las personas no asertivas, es precisamente, su dificultad para decir no, ya que se les hace cuesta arriba negarse a hacer algo que les piden, aunque estas peticiones vayan en contra de sus principios, sus necesidades o sus deseos, por miedo a las consecuencias negativas que les pueda acarrear su oposición a hacer algo que no desean.

¿Qué lleva a algunos a no poder negarse?

El negarse a hacer algo, puede despertar en los no asertivos un gran sentimiento de culpabilidad, llegando a percibirse como “malas personas”, y para no enfrentar ese sentimiento ceden a los deseos de los demás a pesar de sí mismos, de su bienestar.

Las personas no asertivas generalmente anticipan que el negarse a hacer algo que les piden, supondrá generar un conflicto mayor que no sabrán gestionar y por miedo dicen que si, es decir, viven evadiendo la confrontación. Pero, además, buscan evitar que los otros se enfaden y lidiar con ese supuesto o real conflicto, por tanto, viven postergando su satisfacción personal por no enemistarse con el resto de la humanidad ¿Se puede ser feliz así? Yo pienso que NO.

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Por otra parte, una persona que solo ha sido amada en función de sus actuaciones o conductas y no de sus características personales, buscará el aprecio de los demás realizando cosas por ellos, incluso cuando esto signifique dejar de lado sus propios deseos. Le temen a la soledad y llenan sus vidas con asuntos ajenos.

A veces, la baja autoestima también nos lleva a complacer en demasía a otros, incluso aunque signifique ir en contra de nuestros principios o ética. La autoestima es la valoración que hacemos de nosotros mismos, basados en nuestras experiencias. Si esa valoración es negativa, entonces, probablemente ansiemos desesperadamente la aprobación de los demás. Entonces, tememos decir lo que sentimos porque tal vez no les gustará a los otros y los decepcionaremos.

¿Qué pensamientos debemos cambiar para poder decir no?

“Si no los complazco, se molestarán”. La alternativa a este pensamiento vicioso es pensar con optimismo e irradiarlo hacia los demás. Ayudamos más motivando que complaciendo, y diciendo asertivamente que algo es imposible de hacer para ti, estarás entrenando una habilidad que fortalecerá tu autoestima.

Otra creencia limitante es: “El amor implica sacrificios”. Es cierto, pero antes de sacrificarte a ti por amor, pregúntate si el beneficio que recibirá ese otro por tu abnegado acto es tan grande como la pérdida que tú afrontarás.

“Me siento culpable si no los complazco”, porque han sido buenos conmigo. La gratitud tiene mil maneras sanas de demostrarse y en todo caso, pregúntate hasta cuándo pagarás esa deuda.

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Finalmente…

Es difícil decir que no, sobre todo, cuando valoramos la opinión que el resto tiene de nosotros o si se trata de una persona que amamos. La clave está en usar técnicas de comunicación asertiva, como la empatía, el establecimiento de límites respetuosos y la postergación de repuesta para pensar mejor.

Debemos a toda costa evitar caer en la trampa de la manipulación. Cuando hacemos algo que no queremos, seguramente nos sentiremos manipulados y que se están aprovechando de nosotros. A la larga, esto nos llevará a sentir resentimiento hacia esas personas que pueden resultarnos abusivas.

Es factible que, si no ejercemos el derecho a decir no, nos veamos implicados en situaciones que atentan contra nuestros principios, y esto nos creará un elevado malestar emocional.

Antes de tomar una decisión sobre una solicitud, cerciórate de que entiendes perfectamente en que cosiste dicha petición. En el caso de que necesites evaluar las repercusiones que conllevarían el ceder, expresa tus dudas y tu necesidad de tomarte un tiempo para pensar mejor sobre ello.

Tratar de no excusarte y explica bien el por qué no consideras hacer el favor, recuerda que si pones una excusa, puedes encontrarte en la situación en la cual la persona que te pide ese algo, posponga su petición para cuando no tengas ese impedimento. Por tanto, considera que tus razones para negarte son tan válidas y tan respetables como las de los demás. Por último, también puede darse el caso de que quieras aceptar una petición, pero bajo unas condiciones especiales, que solo tienes que dejar bien claras.

¡Hasta la próxima! Nueva tarea: aprender a decir NO.

María Laura Garcia

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