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Mi historia de cómo llegué a este mundo.

Quiero compartir contigo un desafío que a pesar de todo mi trabajo personal, aún no resuelvo. Se trata de cómo estoy trabajando yo el patrón para lograr el balance que debo tener entre el dar y el recibir. Si sientes que estás mucho más enfocada(o) en servir, ayudar, que en cuidarte o por el contrario buscas más que los demás te ayuden u ocupen de ti en lugar de considerar a los demás, este artículo tal vez pueda ayudarte a tener un mejor equilibrio.

Cuando mi mami supo que estaba embarazada de mí, hizo una promesa y petición. Mi papá tenía al mismo tiempo otra pareja. Así que mi mami prometió llamarme Esperanza porque confiaba en que Dios le iba a conceder que mi papá «se portara bien» y dejara la otra relación.

Por todo el estudio que tengo en psicología y conducta humana, sé que un evento como este puede determinar toda una vida. El origen de mi existencia, o la interpretación que yo le di a esto, es que la gente me quiere por lo que hago por ellos y no por lo que soy. Esto me ha acompañado a lo largo de mi vida y si bien -luego de tanto trabajo personal- las huellas negativas son mínimas, tal vez el comportamiento más primario que tengo es considerar lo que puedo hacer por otro y luego atenderme a mí.

Usualmente digo en forma de chiste que en este cuerpito he vivido como tres vidas y me refiero a que no soy casi nada de lo que fui en otras etapas de mi vida. A este respecto, he trabajado mucho en mi autoestima para valorarme por mí y no por lo que doy. Me he entrenado en cuidarme, a ser cada vez más fiel a mí. Sin embargo, aún queda una pequeña parte donde me enfoco más en servir y me olvido de mí y de mis emociones. Por esto aún estoy en el proceso de resolver el tema completamente.

¿Cómo encontrar un mejor balance?

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Hacer cualquier cambio en nosotros requiere estar totalmente alerta, estar presente en tus pensamientos, palabras, emociones y acciones. Porque cuando el comportamiento es tan primario y arraigado como el que te conté en mi historia personal, lo automático y lo que luce natural es que actúes como lo aprendiste. Como decía entonces, en mi caso mi respuesta natural aún es pensar en el otro.

Entonces en este camino de lograr un mayor balance hago altos en mi vida, en mis decisiones y me re-pregunto si verdaderamente es lo mejor a hacer. Esto ocurre en varios momentos, cada vez que recuerdo.

Adicionalmente, hago ejercicios poniéndome en el otro extremo. Es decir, como mi historia tiene que ver con dar, hago ejercicios conscientes donde me pongo a recibir. Por ejemplo, recientemente me quedé sin efectivo. Íbamos a salir con mis hermanas a llevar a mis padres por unos helados. Usualmente soy yo quien pago esos gustos y lo hago con todo amor. Pero en esa oportunidad, le dije a mis hermanas que no tenía nada de efectivo y que iba a recibir de ellas. Así, ellas hicieron las compras de los helados y yo ni siquiera me paré de la silla, ellas nos llevaron ese helado que disfruté mucho.

Asimismo, en casa, le he pedido a mi hijo y a mi esposo que me ayuden en la cocina, que era la única tarea doméstica que hacía sola. A partir de la pandemia ellos me están ayudando y nos organizamos de forma que hay algunos días en la semana que yo me siento en la mesa a saborear lo rico que alguno de ellos ha preparado.

Estos ejercicios pueden parecer tontos, pero ayudan a ir logrando con naturalidad y fluidez ese mejor balance que estoy buscando.

Unos minutos de revisión al final del día.

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Imagina que cambiar es como aprender a manejar bicicleta. Cualquier modificación en tu conducta requiere esfuerzo, compromiso, atención, decisión y práctica.

Y una de las cosas que te ayuda a saber si estas avanzando en la dirección correcta y estas integrando en ti el cambio que quieres tomar es que hagas una evaluación de tu comportamiento. Entonces te sugiero que al final del día, antes de dormir, dediques 5 minutos a revisarlo. Repasa las conversaciones que tuviste, decisiones que tomaste, si puedes recordar algún sentir o pensamientos. Hazlo desde un punto de vista objetivo, con el deseo de mejorar y ver si estas en dirección del cambio que quieres lograr.

Esto significa no justificarte, pero tampoco se un juez severo poniendo culpa, lamento o recriminación en ti. Significa más bien que te quieres y estas tan comprometido(a) contigo, con ser la mejor versión posible. Entonces en esa revisión, tomas consciencia de las cosas que hiciste bien y de aquellas que decisiones que pueden mejorar. Todo esto te dará un balance de cuales son todavía los ajustes que tienes que hacer.

Finalmente, te regalo un artículo que para mí es un ejercicio básico para hacer cualquier cambio o mejora. Habla precisamente de cómo estar presente y consciente de ti.

Lea también: El poder de desarrollar el observador de ti

Como dije al principio, si bien esta tarea aún no está completada, sé que como muchas otras cosas en mi vida, esto también lo lograré. Y confío que con mis palabras te motive a que tú también lo logres. Vamos, que si yo puedo, ¡tú también puedes!

Nota: Para artículos sobre este y otros temas de la misma autora, también puedes visitar https://carlaacebeydesanchez.com

Carla Acebey-
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