En la actualidad existe una multitud de enfermedades que se transmiten desde los animales a los seres humanos; una de ellas es la psitacosis, también conocida como fiebre del loro.

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Es una dolencia respiratoria que afecta a los pulmones y suele desembocar en cuadros de neumonía severos. No es especialmente frecuente; la incidencia estimada en España está entre el 1% y el 5% de las neumonías que requieren ingreso hospitalario.

Aunque en otros países europeos estos porcentajes oscilan entre el 7% y el 11%. En cualquier caso, la mortalidad es inferior al 1%.

En la actualidad existen multitud de enfermedades que los animales pueden transmitir a los seres humanos. Una de ellas es la psitacosis, también conocida como ‘fiebre del loro’, una dolencia respiratoria que afecta a los pulmones que suele desembocar en cuadros de neumonía bastante severos.

“La produce una bacteria que se llama Chlamydophila psittaci y la suelen transmitir pájaros de diversas clases: faisanes, pavos, pollos… aunque la mayoría de los casos surgen de cacatúas, loros, periquitos y especies similares”, explica José Antonio Pérez Molina, médico adjunto del Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Universitario Ramón y Cajal.

El también miembro de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica(Seimc) explica que la transmisión casi siempre se da en esta dirección. “Para que haya contagio tiene que haber un contacto estrecho entre el animal y la persona”. Es decir, durante el cuidado de una mascota, en criaderos o con personal de parques y zoológicos que se encargan de la limpieza de los animales, refiere CuídatePlus.

La psitacosis genera malestar, fiebre, dolor de cabeza, tos seca, diarrea y dolor abdominal. “Para detectarla hay que sospecharla. En la auscultación se pueden oír crepitantes y se suelen observar alteraciones en la radiografía de tórax”, indica el especialista del Ramón y Cajal.

Fernández Miguel explica que los signos clínicos en el animal “son inespecíficos y muy variables por lo que respecta a la gravedad, y dependen de la especie y de la edad del ave”, así como de la cepa de la bacteria, ya que hay cuatro tipos diferentes.

“Las aves infectadas pueden estar aparentemente sanas o presentar síntomas ligeros como decaimiento, conjuntivitis, inapetencia, pérdida de peso, plumaje erizado o perdida de la puesta de huevos. Los casos más graves presentan diarrea, dificultad respiratoria e incluso pueden llegar a morir”, comenta la especialista de la OCV.

“Por otra parte, para evitar el contagio es posible realizar la desinfección de las jaulas de los animales con varios desinfectantes, como una solución de hipoclorito de sodio al 1%, etanol al 70%, glutaraldehido y formaldehido”, describe la presidenta del Colegio de Veterinarios de Tenerife.

Los expertos advierten que en el caso de brotes en explotaciones, aparte de las medidas de bioseguridad, es importante supervisar los síntomas de neumonía en el personal con contacto con las aves.

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