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Dieta … una palabra que causa un rechazo inmediato en prácticamente todo el mundo de solo pensarla o escucharla. Y la verdad la “dieta” significa solo un plan alimenticio que debería diseñarse y confeccionarse como un traje a la medida y que puede ser tan abierto o tan estricto como lo determine las necesidades de salud o los hábitos de vida de cada quien.

En mi opinión uno de los problemas de la “dieta”, es ese, verla como una limitación o restricción alimentaria. Porque nosotros los seres humanos, por defecto no somos amigos de las imposiciones y eso de NO poder comer lo que deseamos cuando sentimos la necesidad, no es nada agradable.

Pero como ya lo expresé, el inconveniente es etiquetar de forma negativa la nutrición. Yo particularmente no creo en las dietas, yo creo en la alimentación sana y balanceada, es decir, ingerir alimentos nutritivos, mermar lo más que se pueda los alimentos procesados y cuidar las cantidades, porque hasta lo mejor consumido en exceso, nos engorda o dañará nuestra salud. Siendo muy sinceros, un croissant relleno de chocolate está muy bueno, pero sano, lo que se dice sano… no es. En todos los casos debemos buscar sustitutos mas saludables y cuidar la cantidad, comes un poquito, mas el resto del día buscas alimentarte lo mas sanos posible. Ese es uno de mis trucos infalibles.

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Por otra parte, y tristemente, si viviéramos en un mundo en el que solo existiera el pollo o pescado a la plancha, el brócoli, el aguacate y las manzanas, por solo darles ejemplos, todo sería más fácil, pero no es así y todos los días tenemos que lidiar con las tentaciones.

Y es llegado a ese punto cuando nos encontramos cara a cara con el paquete de “Doritos” o una galleta con chispas de chocolate que nos está ofreciendo una amiga, un vecino o un compañero del trabajo y es el momento álgido en el cual nos toca decidir, si ceder ante la tentación o mantener la compostura y seguir con nuestro plan de comer saludable, para evitar el sobrepeso o el envejecimiento del organismo por los excesos de azúcar.

Somos máquinas de excusas…

En general, a todos se nos hace tan sencillo, darle justificaciones distintas a nuestra falta de voluntad para comer equilibradamente de modo que nos auto convencemos de que ha sido correcto saltarnos esa norma que nos hemos trazado.

Pues bien, hoy haciendo gala de mi capacidad de anticipación, he anotado para mí y para ustedes las excusas más comunes de modo que no tengamos más remedio de dejar de lado el auto engaño.

¿Cómo me auto engaño?

  • Son las 4pm y estoy cansada, estas galletas o snack me ayudarán a terminar la jornada con energía porque hoy trabajo hasta tarde. Además, no almorcé lo suficiente porque estaba atareada (¡excusas!). El azúcar, evidentemente, disparará mi nivel de glucosa lo cual significa que, igual que ha subido, se desplomará más tarde dejándome más cansada ​​e irritada de lo que estaba. Lo mejor es, elegir meriendas saludables, algunas almendras (sin abusar, solo 6) o alguna pieza de fruta que nos harán sentir fuertes y saludables para el resto del día. Resumiendo, snacks que nos nutran y no nos eleven el azúcar de un solo sopetón.
  • Otra idea mentirosa con la que suelo justificarme es, “en los últimos días me he portado muy bien, me merezco un premio”. Pero ciertamente, si me lo como no será una recompensa, más bien me alejará de mi objetivo y sin duda, una vez que me lo como, me hace sentir más deprimida, débil y fuera de control. Por ello, lo mejor es aprender a decir que no.
  • Solo una no hace daño. Veamos: “- Según mi plan de entrenamiento, tengo que correr X cantidad de kilómetros para quemar unas 500 calorías. Este paquete pequeño de tostoncitos tiene 150 calorías, lo que significa que si corro X minutos más lo habré quemado…-”. La teoría es buena y las matemáticas más…, pero en el momento que lo hagamos una vez, quien te dice que no lo harás dos o tres o cuatro. Entonces qué harás, ¿la maratón de Nueva York para compensar el exceso de calorías? Hazte un favor a ti mismo y cambia de excusa.
  • Estoy cansada, esta noche no me apetece cocinar y entonces comes cualquier cosa o pides a domicilio y te llenas de calorías, de muchas y de más. Toma precauciones: déjate la cena preparada con antelación. Si vas a encargar comida, porque te puedes dar ese lujo, pide una ensalada o ten como yo, los ingredientes cortados y embolsados en la nevera para que te sea sencillo hacerla en casa. Hay distintas formas de evitar las situaciones que te exponen a la tentación o ante la posibilidad de sucumbir.
  • Para mí es común sentir y decir: _” Acabo de comer y ya tengo hambre”. Pues en esos momentos pienso, “aguantar hambre hasta la hora de sentarme a comer de nuevo no me va a matar”, entonces para engañar mi ansiedad aplico dos trucos, uno es beber un par de vasos de agua o me tomo una infusión con stevia (no con azúcar ni sacarina) y me centro en que es una molestia temporal, no el fin del mundo.
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  • También tiendo a dejar mis buenos hábitos cuando he tenido un día horrible y siento que comer “algo engordante” me hará sentirme mejor.  Cuando la reflexión debería ser: _ “Espera un minuto, es decir, ¿has tenido un mal día y encima quieres comer alimentos poco saludables? Número 1, no puedes dejar que otros dicten tus emociones. Número 2, has tenido un mal día, cosa que no puedes controlar, pero puedes decidir lo que comes. Número 3, en esos momentos debes estar claro o clara que lo que te da ganas de comer es una emoción, no el apetito. Si quieres sentirte mejor come solo cuando tengas hambre de verdad, no para compensar un mal día.
  • Cuando me dan una buena noticia, inmediatamente pienso en celebrar con un premio gastronómico. De nuevo mis emociones influyendo en mi alimentación. Pues no lo permitas, llama a los que aprecias y distraete compartiendo tu alegría no consumiendo calorías.
  • Otro saboteador o excusa para comer de más es: _” Odio desperdiciar la comida”. Una de las técnicas que personalmente aplico en mi nutrición personal es: “Si no lo tienes en casa no lo comes” y otra, todos los dulces que me regalan o comida con la cual me desean reconocer o agasajar, la comparto con todos los que me rodean. Incluso si estoy en un almuerzo o cena y piden un postre, solo le doy una probadita. Todo compartido engorda menos.
  • Otra que aplico, es escudarme viendo que los demás comen literalmente lo que quieren. Ahora bien, hace rato que deje de ser una niña de 10 años deseando el juguete de mi compañerita de colegio. Si estamos realmente comprometidos con un estilo de vida saludable, no deberíamos mirar lo que hacen los que nos rodean.
  • Otro, es siempre dejar para mañana lo que debo hacer desde hoy. Si en el desayuno, comiste un poquito más de la cuenta, ajusta el resto del día y así cada vez que no te portes bien. El mañana no existe, el presente es lo único real.

Conclusión… 

Debemos preocuparnos por nuestro cuerpo, por nuestra salud, longevidad, y bienestar psicológico. La próxima vez que quieras pecar, recuerda la sensación de éxito que sientes cuando no caes en la tentación y compárala con cómo te sientes cuando tropiezas y te sales de ese estándar saludable que deseas mantener para tu bienestar.

María Laura Garcia

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