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Todos, pero todos, hasta los más “valientes” han sentido miedo en sus vidas. Temor ante la soledad, el cambio, a la enfermedad, a la muerte, a ahogarse, a perder la cordura, a que vuelva a suceder algo desagradable que ya vivimos, miedo al qué dirán, a la noche, a la oscuridad, a los desastres naturales, a sufrir un robo, a las alturas, al mar, a los aviones, miedo a cualquier cosa que pudiéramos pensar o imaginar.

Según dicen los expertos en salud mental, “el miedo es una emoción que surge ante un peligro real o imaginario y nos sirve para protegernos de los peligros movilizando los recursos internos necesarios para la respuesta de ataque, huida e inmovilidad”.

Ahora bien, los psiquiatras y psicólogos señalan que solemos cometer dos errores característicos en nuestra gestión del miedo: evitar los desencadenantes y/o pedir ayuda, ya que, en la medida que evadimos algo temido lo hacemos cada vez más amenazante. ¿Por qué? Porque en un primer momento sentirás alivio, pero esa sensación satisfactoria servirá para reforzar que efectivamente eso que eludimos es algo muy peligroso o amenazante para nosotros. Posteriormente, cuando volvamos a toparnos con ese tipo de situación seguramente sentiremos más temor.

Por otro lado, cuando pido ayuda para enfrentarme a lo que percibo como amenazante, sin buscarlo, me estoy diciendo: no eres capaz de superarlo por ti mismo y necesito de los demás. No está mal o de más compartir nuestros miedos, pero una cosa es hablar de nuestro temor y otra es pedir que alguien haga lo que a nosotros nos corresponde para superarlo, puesto que nos privamos de la oportunidad de demostrarnos que podemos enfrentarnos a la situación con nuestros propios recursos.

La única manera de vencer al miedo es enfrentándonos a él, de frente, con lo que sabemos, porque debemos tener muy, pero muy, presente que el miedo es útil, necesario y sano; y sin duda, está en nuestras manos transformarlo en valor.

¿Cómo vencer los miedos?

Para comenzar, la pretensión no debe ser vencerlos o luchar contra ellos, mientras más “pelees” contra los mismos, o te resistas más “fuertes” los harás. Lo mejor es analizarlos para conocerlos bien. Piensa y busca información: de dónde salieron, desde cuándo los tienes, cuándo aparecen, cómo reaccionas, en fin, hazte amigo de ellos para descubrir qué hacer al respecto. 

También recuerda los momentos en los cuales los sientes para, partiendo de allí, hurgar en tus fortalezas y con ese poder interno, enfrentarlos temores sintiéndote seguro. Además, esto te servirá a determinar si requieres desarrollar alguna habilidad o fortalecer tu autoestima. Entonces, hazlo, trabájalo.

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Huye, pero de la evitación…

Indudablemente, y como ya lo acoté, exponte a eso que le temes, no huyas, no lo evites.  Si tienes miedo al agua, contrata a un profesor o terapeuta y busca sumergirte en el mar con más frecuencia. Yo lo hice durante meses. Por ejemplo, si tienes miedo a la soledad, quédate sólo hasta que te sientas cómodo y a gusto contigo mismo.  La mayoría de los miedos solo están en nuestra mente y cuando te expones a éstos, poco a poco, van perdiendo valor.

Hablar y hablar de esos temores con tus amigos y allegados de confianza, te permitirá escucharte e ir valorando su justa dimensión, para ir restándole importancia. Piensa en esto: “los secretos adquieren mucho peso con el tiempo, mientras lo son”.

Rememora temores o miedos de tu infancia y dime, ¿alguno se volvió realidad? La mayoría de los miedos van desapareciendo con el tiempo y la madurez, por consiguiente, esa es la tendencia, así que solo depende de ti y de mí, el trabajar emocionalmente para quitarles valor.

Si te lo piensas concienzudamente, la mayoría de los miedos están en el futuro, y la única forma de saber si se volverán realidad, será allá, en el futuro, pero no en el aquí y el ahora. 

Por último, si ves que no puedes hacerles frente por tus propios medios, lo mejor será acudir a un especialista. Para eso se formaron, para servirnos de apoyo y facilitarnos el enfrentar los lados oscuros de nuestra mente. Debemos estar claros que sin salud y bienestar mental es difícil, a la larga, mantener nuestra salud física y por tanto, disfrutar de la vida con calidad.

María Laura Garcia

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