Foto Referencial

Si usted como yo es un ser humano, pues es natural que en algún momento experimente ira, lo opuesto sería poco normal y por el contrario si usted es un ser reactivo al que le cuesta no sentirla y ésta le mueve o le domina, entonces se coloca en su expresión tóxica por lo cual debería buscar ayuda profesional, no sólo para poder vivir en bienestar, sino también para no perder, tarde o temprano su salud física y volverse además una persona NO grata para su entorno. Nadie quiere convivir con un ser que vive en la rabia y le hace la vida pesada a los demás.

Sentimos ira cuando algo se interpone entre nosotros y nuestros objetivos o cuando consideramos que estamos ante una injusticia, explican los especialistas. Y, debemos comprender y tener en cuenta que la ira, como sucede con todas las emociones son útiles y necesarias, solo hay canalizarla adecuadamente.

Entonces, llegados a este punto es importante determinar ¿para qué nos sirve? Bueno, nos ayuda a considerar que tenemos que modificar algo, más debe y puede ser el impulso para detener aquello que sentimos o consideramos injusto o nos causa malestar. ¿Cómo actúa la ira? Es una energía que disminuye nuestro miedo y nos aporta el impulso necesario para accionar.

La ira en sí misma no es un problema, claro está si la gestionamos positivamente. Si no la dosificamos y concientizamos puede ser peligrosa ya que nos impide pensar con claridad, nos lleva a actuar de manera hostil y agresiva. Como decía mi abuela: “el que se enoja pierde”.

Desde muy joven, partiendo de mis enseñanzas en casa, busqué manejar la irá, porque me enseñaron que lo mejor es prevenir. Antes de perder los nervios tengo en cuenta que es fundamental no dejar acumular lo que me molesta, porque de lo contrario, seré como una “olla de presión” que va acumulando gas y corre el riesgo de explotar. El riesgo está en estallar por agotamiento ante hechos insignificantes. Es mejor ir soltando las ideas poco a poco, o dejar pasar la situación detonante para después expresarnos sin la emoción del momento y “negociar”, más calmados, con los pensamientos claros.

Foto Referencial

Ayudarnos con el manejo del entorno y nuestros hábitos

Otro dato para poder prevenir o controlar la ira es cuidando nuestros hábitos cotidianos. Debemos ser generosos con el descanso y las demás necesidades básicas. Por ejemplo, cuando tenemos sueño o tenemos hambre es mucho más fácil que nos saquen de nuestras casillas. Es importante, saber hacer pausas y bajar el ritmo a lo largo del día. Puedes practicar técnicas de relajación, yoga, meditación o disfrutar de un baño relajante, para estar relajados y no caer tan sencillamente en las garras de la ira.

Inevitable… ¿Perdiste los papeles?

Cuando ya nos ha desbordado una situación y nos sentimos invadidos por la ira, simplemente porque no somos perfectos y las circunstancias más nuestro estado emocional nos hicieron colapsar fácilmente,  debemos evitar responder con la misma moneda, la violencia provoca más violencia y cierra las posibilidades de comunicación. Un consejo, en cuanto notes las primeras señales de que puedes perder el control, lo mejor será apartarte de quien te está irritando antes de hacer o decir algo de lo que luego te podrás arrepentir. Algo que evito permanentemente es darle vueltas y vueltas a lo que me ha enfadado, ya que solo me enojaré mucho más y mi bienestar orgánico se verá trastocado.

Por otra parte, afrontar la ira pasa por ver las cosas de manera distinta. Adoptar el punto de vista del que convive con nosotros hará que le comprendamos mejor y nos molestemos menos. También nos puede servir, dejar de interpretar las relaciones humanas en términos de ganar perder, puesto que, en la mayoría de las situaciones todos ganamos y perdemos.

María Laura Garcia

Lea también: ¿Miedo? Bueno saber cómo vencerlo.

Comenta y se parte de nuestra comunidad