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La obesidad nunca es una buena compañera de viaje. Durante la pandemia de la Covid-19 ya se ha demostrado que tener unos kilos de más es un factor de riesgo decisivo que dispara las probabilidades de complicaciones y mortalidad por coronavirus Y tampoco lo es cuando hablamos de cáncer. De hecho, hasta el momento la obesidad se ha relacionado con un mayor riesgo de desarrollar diferentes tipos de tumores, derivado de cambios metabólicos y un proceso de inflamación crónico que resulta muy perjudicial para el organismo. Ahora la ciencia ha dado un paso más allá, ya que se ha confirmado que la obesidad hace que las células cancerígenas superen a las inmunes encargadas de borrar los tumores en una batalla por el combustible que las sustenta, según un nuevo estudio realizado por la Escuela de Medicina de Harvard.

En concreto, el equipo de investigadores ha logrado demostrar que una dieta alta en grasas reduce la cantidad y la actividad antitumoral de las células T CD8 +, un tipo crítico de célula inmunitaria. Esto ocurre porque las células cancerígenas reprograman su metabolismo en respuesta a una mayor disponibilidad de grasa para engullir mejor esas moléculas ricas en energía, privando a las células T de combustible y acelerando, por tanto, el crecimiento tumoral. “Poner el mismo tumor en entornos obesos y no obesos revela que las células cancerígenas reconfiguran su metabolismo en respuesta a una dieta alta en grasas”, asegura Marcia Haigis, profesora de biología celular en el Instituto Blavatnik del Harvard Medical School (HMS) y coautora principal del estudio, quien hace hincapié en que “este hallazgo sugiere que una terapia que funcionaría potencialmente en un entorno podría no ser tan eficaz en otro, lo que debe tenerse en cuenta, dada la epidemia de obesidad que sufre nuestra sociedad”, indica.

Células tumorales se alteran con la obesidad

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El equipo investigador descubrió que bloquear esta reprogramación metabólica relacionada con las grasas redujo significativamente el volumen del tumor en ratones obesos. Dado que las células T CD8 + son el arma principal utilizada por las inmunoterapias que activan el sistema inmunológico contra el cáncer, los resultados del estudio sugieren nuevas estrategias para mejorar dichas terapias. “Las inmunoterapias contra el cáncer están teniendo un impacto enorme en la vida de los pacientes, pero no benefician a todos”, recuerda la coautora principal Arlene Sharpe, profesora de patología comparada del HMS George Fabyan y presidenta del Departamento de Inmunología del Instituto Blavatnik. “Ahora sabemos que hay un tira y afloja metabólico entre las células T y las células tumorales que cambia con la obesidad”, explica.

Igualmente, se analizaron los efectos de la obesidad en modelos de ratones con diferentes tipos de cáncer, incluidos colorrectal, mama, melanoma y pulmón y a los que se les administró dietas normales y otras ricas en grasas, lo que condujo a un aumento de peso corporal y otros cambios relacionados con la obesidad. Posteriormente, los investigadores observaron diferentes tipos de células y moléculas dentro y alrededor del cáncer, hasta llegar a la conclusión de que los tumores crecían mucho más rápidamente en animales con dietas altas en grasas en comparación con aquellos con una alimentación normal.

Sin embargo, esto ocurrió solo en los tipos de cáncer que son inmunogénicos, es decir, que pueden contener una gran cantidad de células inmunes; son reconocidos más fácilmente por el sistema inmunológico; y es más probable que provoquen una respuesta inmunitaria. Los experimentos revelaron que las diferencias relacionadas con la dieta en el crecimiento tumoral dependían específicamente de la actividad de las células T CD8 +, células inmunes que pueden atacar y destruir las células cancerosas. De hecho, la dieta no afectó la tasa de crecimiento tumoral si las células T CD8 + se eliminaron experimentalmente en ratones. Sorprendentemente, las dietas ricas en grasas redujeron la presencia de células T CD8 + en el microambiente del tumor, pero no en otras partes del cuerpo. Los que quedaban en el tumor eran menos robustos: se dividían más lentamente y tenían marcadores de actividad disminuida. Pero cuando estas células se aislaron y se cultivaron en un laboratorio, tenían una actividad normal, lo que sugiere que algo en el tumor alteraba la función de estas células.

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Con Información de: Larazon.es

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