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Cortesía: Diario Médico

No solo importa el tamaño de las gotas, los flujos y partículas aéreas están sometidos a muchos fenómenos; solo así se explica el «éxito» del coronavirus, por lo que mantener la distancia social es importante, pero hay que tener en cuenta otros factores.

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Comprender los mecanismos de transmisión del COVID-19 es clave para prevenir su propagación; sin embargo no quedó claro el poder del aerotransportado del virus, que aún sigue causando confusión.

No hay duda que el virus se transmite a través de una gama variable de partículas de aire sujetas a parámetros de ventilación y de comportamiento humano. Reconocen la escasez de pruebas sólidas sobre la infectividad en algunso escenarios, como el de los polémicos fómites o las partículas pequeañas.

Cada uno de los mitos se deriva de estudios con cierta evidencia y de su experiencia en cada una de las disciplinas científicas.

Mito 1: aerosoles

«Los aerosoles son gotas con un diámetro de 5 micrómetros o menos». Este se originó a partir de una definición incorrecta, recogida por la OMS. Las gotas de menos de 5 micrómetros se conoce como núcleo de gotas o aerosoles.

Las gotas respiratorias, formadas de secreciones, se emiten a través del habla, toses, estornudo y respiración. Las más pequeñas se secan rápidamente al 20-40% de su diámetro original. Esas gotas exhaladas pueden permanecer en el aire y considerarse aerosoles.

Foto Referencial

Los autores definen las ‘gotas’ como partículas que caen al suelo (o cualquier superficie incluyendo las verticales) bajo la influencia de la gravedad o el impulso del aire exhalado de una persona infectada, y los ‘aerosoles’ como partículas que permanecen suspendidas debido al tamaño o las condiciones ambientales. El término ‘partículas’ designa tanto gotas como aerosoles.

Mito 2: Cultivos

“A menos que crezca en cultivos, no es infeccioso”; el cultivo viral es sorprendentemnete difícil, una de las razones por las que el aislamiento del virus en cultivo celular es menos sensible que su detección por métodos moleculares; esto se debe a que en parte se necesita más de un virus para infectar con éxito un cultivo celular.

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Por el contrario, las velocidades naturales de exhalación humana y flujo de inhalación son mucho más lentas, lo que las hace menos propensas a deteriorar los virus. Es decir, nuestras tecnologías de muestreo de aire no replican con precisión los mecanismos que conducen a la infección respiratoria humana por inhalación.

En resumen: no hay que despreciar la capacidad infecciosa de la exposición a pequeñas partículas en el aire, que puede ser igual de probable que la transmisión más aceptada a través de gotas respiratorias más grandes o del contacto directo con personas infectadas o superficies contaminadas. Las pruebas que se van acumulando refuerzan la necesidad de equipos de protección personal, de ventilación suficiente y eficaz, de control de hacinamientos en atención sanitaria, transportes e interiores, y de estrategias de higiene, desinfección, filtración y limpieza ambiental. ç

Con información de José R. Zárate, en Salud y Medicina.

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