Emoción y atracón
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Confundir el hambre con una carencia emocional o una emoción negativa es algo muy común en nosotros. Se trata de un problema serio a resolver porque el sobrepeso genera muchas enfermedades que deteriorarán nuestra calidad de vida, pero además si no recuperamos nuestro balance emocional o ganamos herramientas para mantenerlo, no tendremos bienestar y entraremos en un círculo vicioso ciertamente peligroso.

¿Por qué un círculo vicioso? Porque sin bienestar comeremos más y con el subsiguiente deterioro físico surgirá más angustia y más ganas de comer para tapar nuestras carencias emocionales, problemas o “dolor”.

El hambre emocional debe ser reconocido y atendido, porque si recurres con frecuencia a ciertos alimentos que te hacen sentir mejor, en el mediano plazo deteriorarás tu imagen u organismo y te generaras más ansiedad o trastornos psicológicos, ya que, posponer o impedir que lidies con tus verdaderas emociones y fuentes de estrés no soluciona nada. Evitar los sentimientos incomodos por medio de la comida es como intentar tapar el sol con un dedo.

¿Qué pasa en nuestro cuerpo cuando sentimos hambre emocional?

Cuando estamos estresados, tristes o aburridos nuestros niveles de cortisol están elevados y ante esa necesidad de fabricar dopamina para contrarrestarlo, buscamos consumir alimentos que asociamos a emociones agradables o momentos felices, como los que consumimos cuando celebramos algo.

Además, el cortisol pone en alerta nuestro cuerpo y, esa alarma manda al organismo una señal de que necesita o requerirá energía y dicho combustible normalmente es cubierto por los carbohidratos, de allí, la necesidad que experimentamos de consumir este tipo de alimentos, que suelen además ser muy populares en nuestros momentos alegres. Todo esto seguramente se convertirá en adicción, pero eso será tema de otro artículo; porque la dopamina desempeña una función crucial como neurotransmisor en todos los tipos de adicciones, incluyendo a la adicción a la comida.

De hecho, de esta tendencia a mezclar nuestras emociones con el consumo de alimentos, al comerlos, damos lugar a una gran variedad de reacciones bioquímicas, por lo que estas sustancias, como la dopamina, comienzan a tener un efecto super potente en nosotros, pues nos generan necesidad y satisfacción.

El cortisol es la principal hormona asociada al estrés, es decir, generada por y desencadena nuestro instinto de lucha o huida. También controla la manera en que nuestro cuerpo emplea los carbohidratos, grasas y proteínas. Por consiguiente, si el cortisol se activa por causa del estrés o nuestra ansiedad, puede llevarnos a consumir carbohidratos, es decir, aparecen los antojos por los alimentos azucarados, grasosos y salados.

Por su parte la dopamina, es un neurotransmisor que se asocia a las recompensas y  dicho neurotransmisor se pone en funcionamiento ante la promesa de que algo positivo está a punto de ocurrir, como por ejemplo, consumir uno de tus alimentos favoritos. Recurrimos a algunos alimentos porque sabemos muy bien que nos ofrecen una explosión de dopamina, por lo que buscamos disfrutar de esa sensación repetidamente.

Y no debo dejar de lado la serotonina, conocida como “la hormona de la felicidad”, una sustancia no se encuentra en los alimentos, pero si el triptófano, que es un aminoácido necesario para producir serotonina.

Emoción y atracón
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Lo que nos gusta reduce el cortisol en sangre…

Consumir nuestros platillos preferidos baja los niveles de cortisol si estamos estresados.

De acuerdo al conocimiento de los especialistas en desórdenes alimenticios, el estrés y aburrimiento son los principales causantes del hambre emotiva. En esencia, comer “nos da algo que hacer, nos ocupa y nos ofrece una licencia para procrastinar”. Razón por la cual, Los alimentos que consumimos para sentirnos mejor generalmente son poco saludables: tortas, galletas, helados y papas fritas, etc..

Alimentos y sentimientos…

Con el tiempo y por la forma en la cual fuimos criados el acto de comer lo asociamos con el consuelo emocional, porque es una forma de distanciarnos temporal y engañosamente de aquello que nos perturba y de disminuir la sensación de preocupación o estrés. Nos sentimos incómodos o desanimados y evitamos lidiar con ello, pues comiendo.

Aunque después del atracón sintamos vergüenza, remordimiento o arrepentimiento; tendemos a preferir sentir esto que lo que nos incomoda por no poder o querer descifrarlo.

Trata de pensar en todos los recuerdos felices y reconfortantes que tienes con la comida y notaras por qué cuando estas tristes buscas con desesperación ese tipo de comida. Cuando te sientes rechazado o ansioso, consumir uno de esos alimentos representa una conexión instantánea con ese momento de felicidad y paz emocional.

¿Qué hacer con la emoción y atracón?

El verdadero peligro radica en el hambre emocional cuando se hace crónica, porque puede perjudicar tu salud y bienestar mental o físico. Por ello, es importante separar tus emociones del consumo de alimentos

Debemos, para comenzar, recordar o asumir el verdadero rol de los alimentos, que es nutrirnos y no consolarnos. Nuestro cerebro debe y necesita archivar los alimentos bajo la clasificación de nutrición y placer ocasional.

El consuelo y el placer lo debemos encontrar a través de nuestras amistades o siendo amables con nosotros mismos y participando en otras actividades saludables que reduzcan la angustia interna como el ejercicio o el baile. Si comienzas a buscar comida para serenarte, detente de inmediato.

Analiza ¿Tengo hambre? ¿Necesito comida o son mis emociones? ¿Qué es lo que necesito en este instante? Si descubres que tus antojos son provocados por una emoción negativa, busca otra forma de cargarte de paz y llenar tu vacío. El concepto de comer con atención plena también puede serte útil. También es útil, cuando comas, enfocarte en lo que estás saboreando.

¿De qué sirve consumir un alimento delicioso si tus emociones te distraen?

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