Minimizar el ruido mental
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Casi todos vivimos la vida en una silenciosa desesperación o ruido mental y yo he logrado apagar mi bulla interna, gracias a la actividad física, es decir, moviéndome.

¿Por qué́?

Porque su práctica nos permite bucear dentro de uno mismo, sacar la fuerza interna que todos llevamos dentro y proyectarla en esos instantes sobre cualquier terreno: el trabajo, la familia, una dieta, un proyecto, cualquiera es válido. Es un momento perfecto para pensar y enfocar toda nuestra buena energía mental en esos pensamientos.

En mi caso, no se trata de correr por correr o de exigirme hasta el agotamiento en cada #corrida con la velocidad, sino de hacerlo al ritmo que me exigen o permiten mis emociones. Por ello, para mí, el correr se ha convertido en un momento o un espacio que deseo y necesito para gozar de bienestar.

Lamentablemente, el culto al cuerpo se ha convertido en una obsesión de la sociedad y lograrla con el entrenamiento es el único foco, pero pocos se preocupan por cuidar también su cerebro o mundo emocional; y precisamente el #ejercicio también puede ser el espacio para ello.

La consecuencia, para mí, el entrenamiento diario no debe ser solo físico sino mental, ya que nuestra cabeza merece una atención similar a la que le prestamos al resto del cuerpo. De la misma manera que el ejercicio físico contribuye a mantener nuestros músculos y articulaciones en buen estado, otorgándoles resistencia y fortaleza; la actividad física también puede mantener saludable nuestro cerebro, es decir, nuestra mente. La actividad mental que se genera con la meditación, el descaso y el entretenimiento, nos sirve para que todas las carpetas y documentos incluidos en nuestro ordenador cerebral se mantengan en forma y actualizadas. Un proceso, por cierto, que se completa con un sueño reparador.

La computadora nos ofrece de vez en cuando la posibilidad de borrar elementos que no utilizamos a menudo y lo mismo hace nuestro cerebro con vivencias o recuerdos que tienen menos interés o que hemos revisado en menor número de ocasiones. Por tanto, la actividad mental y física son buenas, entre otras cosas, para evitar la pérdida de memoria y la demencia senil.

Salud mental = pensamiento sereno

Afortunadamente sí que hay fórmulas, para calmar la mente, en la cotidianidad, como por ejemplo el tantas veces mencionado, “mindfulness”.

El “mindfulness”, no tiene una definición más allá de lo que podría ser una “atención plena” o lo que muchos definirían como la meditación. Y si, algo tan simple como esto, es de gran utilidad para tratar problemas como la ansiedad o el estrés.

Cuando corro o me ejercito lo aplico y consiste simplemente en observar más prestar atención de manera consciente a la experiencia que vivo en ese momento. Además, es hacerlo con interés, curiosidad y, sobre todo, aceptación. Por eso detallo mi entorno más mis pensamientos, y todos los días, aunque tome el mismo camino, increíblemente siempre me sorprende algo nuevo que no había observado antes.

Lo anterior constituye una forma que, según los especialistas, hace que trabajemos conscientemente nuestro dolor, enfermedad o cualquier otro desafío de la vida, ayudándonos a alcanzar el tan necesario equilibrio interno.

Mantener el foco y la atención en el detalle

Es una actitud no una aptitud, se trata de hacer conscientemente todas nuestras actividades cotidianas, esas que solemos realizar de forma inconsciente o en “piloto automático” de manera totalmente presente, incluso nuestra rutina de ejercicios. Pon la lupa y el consciente en todo: en inspirar y espirar, meditar o pensar, sentir tu cuerpo, vigilar la postura o tener total control de tus movimientos.

Actividad mental para evitar su retroceso…

Todos los expertos coinciden en que la actividad mental es satisfactoria y absolutamente necesaria no solo en pacientes con pérdidas de memoria sino a cualquier edad. El ejercicio mental o el trabajo de la memoria sirve para retrasar o frenar el deterioro progresivo que la edad trae consigo.

Minimizar el ruido mental
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No se trata solo de aprender nuevas cosas y mantenernos funcionando mentalmente, que es lo que conocemos como estimulación cognitiva, sino también y como ya les mencioné, hacer ejercicio físico porque la inactividad incrementa el deterioro cognitivo. Es útil alternar trabajo cardiovascular, ejercicios de equilibrio y estiramiento con actividades mentales.

Debemos procurar mejorar la recirculación de la sangre hacia el cerebro para reducir los efectos del envejecimiento y adicionalmente ganar atención, memoria, concentración, tiempo de respuesta, intuición más razonamiento verbal o no verbal. Tenemos que evitar padecer enfermedades degenerativas como el Alzheimer y otras demencias.

Con todo esto, además minimizaremos también el estrés, fomentaremos las relaciones sociales y mejoraremos nuestro estado de ánimo, que son pilares fundamentales para alcanzar ese ansiado equilibrio que todos buscamos.

María Laura Garcia

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