La tolerancia como virtud
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Tolerar a los demás no debe significar sacrificio, ser demasiados pasivos e irrespetarnos, es decir, pasar por encima de nuestra dignidad. Hay líneas muy delgadas en torno a esto, tanto que con frecuencia resultan vulnerables y fáciles de traspasar, por tanto, debemos estar muy atentos para aprender a decir NO o manifestar nuestro desacuerdo.

No soy psiquiatra, ni psicólogo, ni terapeuta, por consiguiente, mi escrito de hoy, es solo un llamado de atención para que estemos pendientes de buscar ayuda si no sabemos qué hacer al sentirnos traicionados por nosotros mismos, cuando en nuestra convivencia cotidiana y en nuestra búsqueda por ser mejores personas, seamos compasivos, comprensivos y generosos con otros; y por ello, resultemos irrespetados. En estos momentos tenemos que revisarnos y si no estamos seguros de estar haciendo lo correcto, debemos activar las alarmas, porque este tipo de inconformidad a la larga y en suma, generan mucha frustración e insatisfacción.

Dicha frustración e insatisfacción, se convierten fácilmente en amargura y en un sin sabor, lo que deteriora nuestro estado emocional, es decir, nuestra bioquímica cerebral, por tanto, dañará también nuestra salud en aquellos órganos vulnerables genéticamente.

Equilibrio = salud

Para que las relaciones sean justas, sanas y balanceadas debe existir el respeto mutuo. Tolerar el comportamiento de una persona o una situación no se debe confundirse con la excesiva indulgencia o pasividad porque no podemos pasar por alto acciones inapropiadas que sin duda pueden causar heridas profundas sin son reiterativas como, por ejemplo, las mentiras, el maltrato, los insultos o incluso el bullying.

Por el contrario, tolerar implica también expresar nuestro sentir y opiniones, aunque escuchemos al otro y hasta aceptemos o no, en un momento dado, sus ideas. No siempre estaremos de acuerdo con los demás y en esos casos podemos expresarnos, pero sin tratar de imponernos. Ciertamente, escuchar al prójimo es tolerancia, pero si lo que nos dicen, nos hiere o atenta contra nosotros, no debemos siempre quedarnos callados. Debemos buscar el momento, las palabras y las formas adecuadas para disentir de manera de resguardar nuestro amor propio o de proteger nuestra salud emocional.

Decir lo que pensamos sin buscar maltratar o alienar a nuestros semejantes, representa una forma “civilizada” de no admitir los prejuicios, bromas o conductas injustas de otros.

Ser gentiles en lo cotidiano, es dar al otro lo que me gustaría que me dieran a mí y recibir de los demás dicha indulgencia; pero también, tenemos la obligación de poner límites claros.

La tolerancia es sinónimo de reciprocidad, pero si nos sentimos atacados o amenazados, lo más sano es echar mano de a la comunicación asertiva o lo que es lo mismo, de la habilidad de expresarse con positivismo, sin posturas agresivas.

LLa tolerancia como virtud
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El ser asertivo es el punto intermedio entre la sumisión y la agresividad, por tanto, es una herramienta indispensable para el manejo de las dinámicas sociales, sean de pareja, familiares o laborales.

Insisto, la tolerancia es necesaria porque promueve la aceptación de las diferencias, pero no puede convertirse siempre en resignación. Debemos estar alerta para saber poner limites y, a veces, esto es complicado de determinar, por eso, les vuelvo a sugerir buscar ayuda ante la duda.

Debemos ser maduros y equilibrados pensando mucho antes de accionar o responder ante las situaciones. Si se trata de una circunstancia poco compatible con tus valores, debes comunicarlo; y si ves que no te gusta o te hace sentir bien, pero la razón está en el otro, debes hacer gala de tu voluntad y aceptar aquello que no está en tus manos.

Aprende a ser tolerante pero no pasando por encima de ti mismo o de lo que consideras justo, porque todos, aunque tengamos historias de vida distintas, queremos ser queridos, tolerados y aceptados. Esto se logra, entre otras cosas, con detalles tan simples como: el respeto, el silencio, el saludo o dirigir una sonrisa.

Por último, insisto, aceptar o celebrar las diferencias de otros, no significa renunciar a nuestras creencias, ideas o herencia.

María Laura Garcia

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