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Todo indica que este año los datos de cobertura de la campaña de vacunación, frente a la gripe, van a ser positivos tal y como asegura Amós García, presidente de la Asociación Española de Vacunología.

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“La de la gripe es una de las vacunas que más dificultades ha tenido siempre para conseguir unas ratios de vacunación razonablemente buenas e incluso para conseguir una adherencia destacable por parte de los propios profesionales sanitarios”.

La pandemia del coronavirus ha aumentado la percepción del riesgo sobre la gripe en los principales grupos poblacionales de riesgo. Mayores de 65 años y colectivo médico son las principales.

Este año, debido a la COVID-19 y el hecho de que la población se haya introducido de lleno en conceptos epidemiológicos, el objetivo era conseguir que ambos grupos alcancen porcentajes del 75%.

“Existe una baja conciencia del riesgo de la gripe entre la población, pero cuantas más personas nos vacunemos, mejor va a estar cubierto el colectivo que no está vacunado o que por edad no puede hacerlo”, señala Esther Redondo Margüello, miembro del Grupo de Trabajo de Actividades Preventivas de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen).

La atención primaria añade en ese sentido que no se trata de meter miedo, pero sí de concienciar a la población y a los sanitarios de que la gripe «es algo más que tirarse una semana en la cama».

“Cada año, coincidiendo con la gripe, hay un sobreexceso de mortalidad por causas y eventos cardiorrespiratorios graves. Y esto, cuando se repite año tras año, demuestra qu2e no se produce por generación espontánea”.

“Puede ser una línea estratégica de calado: hay que andar, hay que hacer ejercicio físico, hay que beber agua, hay que comer sano y hay que vacunarse de la gripe. Quizás introduciéndola en ese concepto de estilo de vida logremos aumentar las tasas de vacunación entre sanitarios y ciudadanos”, opina.

Ese sobre exceso de hospitalizaciones, ingresos en la Unidad de Cuidados Intensivos y la mortalidad, comentado por los expertos, se produce porque existe una estrecha relación entre la gripe y los eventos cardiovasculares.

“Está muy estudiado que cuando hay epidemias de gripe, hay a su vez un aumento de la tasa de infartos de miocardio”, señala la portavoz de la SEC, que considera que en esa interrelación hay un aspecto fundamental: la vulnerabilidad del individuo. “Las personas más vulnerables suelen ser las personas que también tienen factores de riesgo de complicación de la gripe: hipertensión, edad avanzada, obesidad, diabetes, tabaquismo, etc., que coinciden a su vez con los factores de riesgo de enfermedad cardiovascular”, asegura. 

Abono para las enfermedades respiratorias

“A parte del cuadro típico de gripe, la infección produce un agravamiento de la propia enfermedad de base”, explica el doctor Francisco Sanz Herrero, coordinador del área de Tuberculosis e Infecciones Respiratorias de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR). 

En el caso de los pacientes asmáticos, esa complicación se manifiesta en un empeoramiento de la disnea (dificultad para respirar), de la sensación de sibilancia y de la tirantez torácica. En el caso de los pacientes con EPOC la gripe también supone un empeoramiento de la disnea, puede provocar insuficiencia respiratoria y aumentar la producción de esputo. 

“En las consultas de neumología empezamos a recomendar la vacunación antigripal cuando vemos al paciente en verano (o incluso en primavera), así que educamos a los pacientes en estas prácticas”, asegura antes de señalar que cualquier médico de atención primaria que atienda a personas con un diagnóstico de asma o EPOC debe saber el riesgo de deterioro y de hospitalización que tienen los mismos y, por tanto, “ser más proactivos en la recomendación de la vacunación”.

Con información de: CuídatePlus

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