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Todo comenzó a reflejarse cuando tenía 19, ahora tengo 26, han pasado casi ocho años desde el día que nuestras vidas cambiaron tan abruptamente para siempre. Hace poca mamá cumplió 63 y seguramente pensó que soplaba su vela número 33.

Recuerdo que días previos a uno de sus cumpleaños iba a la Iglesia de la Candelaria, donde esta José Gregorio Hernández, fui a buscarla porque no había almorzado y allí estaba ella de primera, sentada recibiendo la misa, todos los bancos estaban llenos ese día, esperé parada (curiosamente ese día me sentía ajena a la misa, porque no la recibí), solo estaba angustiada por encontrarla e ir a casa. Me preguntaba cuáles serían sus pensamientos y angustias, seguramente pidiendo sanidad mental a José Gregorio Hernández, pidiendo a Dios entender toda esta realidad y lo que se aproximaba.

A veces me dice hermana, vecina, o solo soy su amiga y en medio de todo, sé que sabe quién soy. Aunque mi corazón esté roto en mil pedazos porque el ladrón de los recuerdos me la ha robado (así lo siento), sé que en el fondo me sigue amando, trato todos los días de recuperar algo de ella y sentir que no la pierdo.

No recuerdo cuando comenzó a suceder que dejo de hablar con un lenguaje fluido y con sentido, a veces duele mucho querer entablar una conversación recíproca, pero eso no quiere decir que deje de hablar con ella, contarle cosas o escucharla. Además de la capacidad espacial, saber dónde está y a dónde va, a veces toma mi mano y siento que solo la hace sentir más segura.

El cerebro es un libro infinito que debemos alimentar con amor.

La señora Hilda (ahora la cuidadora central, prácticamente) realiza muchas dinámicas con ella, desde puntillismo con pintura, nombres de personas o frutas con las letras del abecedario, práctica numérica (el área más debilitada que tiene mamá), hasta bailo terapia.

Son tantas cosas que han cambiado, desde nuestra forma de ver la vida con mayor gratitud y compasión, asistirla en el baño o ayudarla a vestirla, la distribución de tareas en casa, la organización de ciertos objetos, sobre todo en la cocina por medidas de seguridad, meter todos los objetos filosos en un lugar seguro y no visible. Tampoco se deben hacer tantos cambios en casa, motivado a que nuestro ser querido se perdería.

Mamá ha dejado un poco de controlar sus esfínteres, sobre todo en la noche, cuando va al baño le ha dado como una obsesión de tender la cama, la acomoda, se peina, se pone a buscar zapatos como si fuera a salir y en ese ínterin ocurre el accidente. La psicóloga nos recomendó no darle agua en la noche, escribir las horas en la que va al baño y en la medida de lo posible comprar los pañales para adultos, un asunto complicado, por el costo y que mamá se quitará el pañal a la primera de ir al baño. ¡Plan B!, a mi padre se le ha ocurrido colocar un pequeño forro de plástico con una toalla de bajo de las sabanas, por el momento ha funcionado.

Cuando estoy despierta y ocurren esos incidentes, trato de desviar su atención como decirle que esas cosas pasan, tranquila, fue agua, te cambias el pantalón y listo, no ha pasado nada, sin reclamos o regaños.

Foto Cortesía

Vivir en gratitud

El cumpleaños 63 de mamá decidimos que sería feliz, un día lleno de abrazos, buena compañía, muchas risas y seguramente algunas lágrimas. Me pregunto si todos los días lo pasáramos así, feliz, para uno mismo y para nuestro ser querido, como un cumpleaños, un día para agradecer, ser plenos, sonreír, abrazar más y sentir que todo estará bien.

Cuando soplo las velas muchos se acercaron abrazarla, yo también me acerque, abrazando su vida, no la quise soltar pensando que ese ínstate duraría para siempre en mi memoria, creo que pensé y no logre decirlo en voz alta: no me olvides, porque yo jamás te olvidare.

Aún lloró en silencio cuando me dan esos momentos de tristeza, hablo con Dios y elevo una plegaria por la sanidad mental de mamá, para que el Espíritu Santo nos llene del amor de María a cada uno con la fuerza de seguir adelante.

El poder de las palabras positivas me ayuda a tener un día más amable, hacer que las palabras y pensamientos de culpabilidad aparezcan no son tan recurrentes (la inteligencia emocional me ayuda mucho), agradezco mi día con la mayor humildad posible y oro porque el siguiente este lleno de luz. ¿Y tú, con qué palabras te alimentas todos los días y alimentas a tu ser querido?

La tierra de los olvidos es una realidad paralela donde solo podemos entrar con amor y paciencia, y no están en una pastilla, sino en el corazón.

Hasta la próxima Bitácora de Una Cuidadora, con más experiencias y herramientas que te apoyarán en la tarea de cuidar a tu ser amado. Recuerda visitarnos en nuestro canal YouTube Bitácora de Una Cuidadora, para obtener más información.

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