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Les cuento que yo, afortunadamente, no formo parte de este grito de socorro de muchas mamás que luchan día a día porque sus bebés se alimenten bien. Por el contrario, mi niño siempre, desde que nació, ha sido de muy buen apetito, por eso, llegan amigas, familiares y conocidas a pedirme consejos y la pregunta más común: “¿Adi, pero cómo haces para que Lucas coma tan bien?”

Bueno, yo no sé si estaré en lo cierto, pero les voy a contar desde mi experiencia qué creo que ha sido lo que ha permitido que mi bebé se alimente súper bien. En primer lugar, yo me alimenté muy bien durante el embarazo. Es decir, jamás comí “por dos” sino “para dos”. Seguí al pie de la letra las instrucciones de mi nutricionista –que, la verdad, no me afectaron tanto porque yo toda la vida he comido muy sano–, pero pues sí fuimos un poquito más estrictas con algunas cosas.

Por ejemplo, reducir el consumo de lácteos, cero embutidos, ni pescados crudos, carnes crudas o poco asadas, no alcohol, ni bebidas  gaseosas y cero dulce o reducirlo a su mínima expresión. De todo esto, me costó un poco el tema de los lácteos, porque aunque no me gusta la leche, sí me fascinan los quesos en todas sus presentaciones, entonces tuve que bajar bastante su ingesta y darles las bienvenida a los yogures, de los que no era muy amiga.

Hay mujeres que aseguran que durante su embarazo comieron de todo, sin importar  embutidos ni alimentos crudos ni dulces ni comida  chatarra, porque eso no afecta al bebé  ni a la mamá, pero la verdad es que yo considero que sí afecta, no solo porque mi nutricionista así como la ginecobstetra me lo hubiesen dicho sino porque así lo considero también y lo pude evidenciar en mi bebé desde que nació. Su piel y su cabello siempre han sido increíblemente sanos y él, como tal, siempre ha sido un bebé con defensas de acero.

Yo estoy convencida de que “viene desde la barriga”, como diría mi mamá. Yo tampoco tuve antojos, ni malestares, ni náuseas. Mi  embarazo fue totalmente tranquilo, sin ninguna novedad, y creo que se debió en gran medida al estilo de vida saludable que llevo desde hace muchos años donde una buena alimentación y el ejercicio van de la mano.

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Nace mi bebé y ahora qué

En este aparte también quiero hacer una aclaratoria y es mi percepción. Aunque muchas mujeres dicen que no es así, yo tengo la fuerte  convicción de que lo que la mujer come sí se transmite a través de la leche al bebé y ya les cuento por qué.

Yo mantuve, bajo recomendación de la pediatra y mi ginecóloga, una alimentación muy sana, pero bajé bastante el consumo de  leguminosas, granos, lácteos, alimentos irritantes, durante los seis meses que lacté a mi bebé. No sé si será coincidencia, pero Lucas no se enfermó nunca de absolutamente nada y, precisamente, un día que me desordené, quería salirme de la dieta especial, estaba aburrida, mi bebé tuvo cólicos. ¿Coincidencia? Aún no lo sé con certeza, pero lo cierto es que no lo volví a hacer y, por ende, ese día terrible de
cólicos nunca más apareció.

Probar alimentos además de la leche

A los cuatro meses, iniciamos la alimentación con vegetales para mi bebé. Nuestra pediatra nos recomendó primero todos los vegetales, iniciando con los verdes, siguiendocon los amarillos y luego con los anaranjados y demás colores. Luego de pasar por toda esta gama ahí sí iniciamos con frutas.

Esta indicación porque de acuerdo con estudios que ella había realizado y su propia experiencia, cuando los bebés prueban primero las frutas, el azúcar que las mismas contienen hacen que le agarren fastidio al resto de alimentos que no tienen este mismo sabor, mientras que al revés, el paladar se acostumbra a sabores sencillos así como su sistema digestivo y luego disfrutará mejor el resto de alimentos.

A medida que fue creciendo le fuimos incluyendo alimentos de acuerdo con lo que nos decía la pediatra y todo ha sido perfecto, hasta el sol de hoy. Lucas, literalmente, come de todo. Incluso, no era muy amigo del pollo ni de los carbohidratos, siempre ha sido el niño
de las verduras, pero hasta eso ya se lo come con gusto.

Mi esposo y yo siempre hemos tenido la costumbre de que al momento del desayuno, almuerzo o cena, no usamos los celulares, nos concentramos en la comida, disfrutamos mucho cada bocado y es casi que un momento sagrado para nosotros.

Así se lo quisimos transmitir a mi bebé y como por cosas del destino, o no sé si del propio sistema que tenemos, surgió de manera natural, Lucas siempre pedía su pecho justo a la hora de nosotros desayunar, almorzar o cenar. Es como si entendiera que era la hora de la comida.

Luego cuando pasó al tetero, lo mismo. Y ya una vez comiendo alimentos además de su leche también le enseñamos que el momento de comer es un momento de tranquilidad, de concentrarse en la comida y siempre juntos. Hoy día, en su jardín o guardería, es el que
mejor come.

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Nunca lo obligamos a comer algo, no tuvimos la necesidad, pero, por ejemplo, los alimentos que veíamos que de repente no se los comía con tanto gusto como otros, de una manera muy tranquila se lo cambiábamos.

En la época de la salida de los dientes, por ejemplo, sí bajo un poquito su apetito, pero tampoco fue una situación de estrés para nosotros porque entendimos, con previa consulta a su médico, que los niños comen por necesidad y no por obligación. Entonces no hay que meterle demasiada presión al tema.

Yo siento que entre las claves para que tu bebé se alimente bien está primero en no presionarlo demasiado en el tema porque lejos de motivarlo vas a generar en él un rechazo hacia la comida.

Segundo, entender que los bebés cuando tienen hambre comen, si tu bebé no quiere probablemente sea porque no tiene hambre. Claro está, si esto se vuelve una situacióncrónica, es bueno consultar al pediatra y otros expertos para que les aporten soluciones, porque pudiera existir un problema que no es evidente.

Tercero, la creación de rutinas y hábitos, no solo en este tema, sino en todas las actividades de los bebés, es fundamental para generarles una disciplina que vaya desarrollándose de manera natural.

Y, por último, pero no menos importante, la creatividad es vital en la maternidad. Servirles la comida de manera tal que se vea bonito y apetitoso, puedes inventar una canción, hacerles figuras con la comida, permitirles que jueguen, que se ensucien y experimenten (sin desperdiciar los alimentos) les genera una empatía que les hará la hora de comer un rato divertido y no la hora de la tortura.
Recuerda que una mamá feliz, cría a un bebé feliz.

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