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En la medida en que nuestros padres van envejeciendo y sus capacidades físicas disminuyen, podemos pensar que tomar decisiones por ellos ayuda. Sin embargo, a veces sin querer nos volvemos en padres de nuestros padres. ¿Es esto correcto? Aquí te doy mi opinión.

El envejecer de nuestros padres

Tener vivos a nuestros padres es una gran bendición, pero al mismo tiempo tiene sus desafíos. Físicamente se sienten disminuidos y a veces intelectual y emocionalmente ocurre lo mismo. Hay cambios hormonales que ocurren y que en muchos casos nos es difícil entender. Aún en nuestra mente está esa imagen de ellos fuertes y grandes.

Por una parte nuestros padres pueden tratar de conservar su independencia, pero por otra de alguna manera nos sentimos responsables de que estén seguros. A veces producto de esas preocupaciones comenzamos a tomar decisiones por ellos, basados en lo que creemos es lo mejor.

Adicionalmente, si hay temas no resueltos del pasado con nuestro padres, saldrán algunas de esas emociones a flote en los momentos de decisiones cuando hayan diferencias. Todo esto, puede hacer de esa importante etapa un momento de conflicto. ¿Qué hacer entonces?

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Respetar a nuestros padres

Una de las diferencias más grandes que tenemos con ellos son los ritmos. Usualmente los adultos, tenemos un ritmo mucho más rápido que el de nuestros padres y a veces creemos que por eso es práctico que tomemos sus decisiones. Sin embargo de esta forma los estamos irrespetando, pues a no ser que tengan algún impedimento, debemos recordar que ellos siguen estando a cargo de sus vidas. Por tanto son ellos los llamados a tomar las decisiones referentes a ésta.

Respetarlos puede ser un desafío. A veces podríamos pensar que sus decisiones están equivocadas, pero creo que siempre debemos recordar que ellos son los grandes. Ellos llegaron primero que nosotros, por tanto, ellos saben. Claro una vez más reafirmo que todo esto es si están mayores, pero básicamente sanos.

Un poquito de mi historia

Junto a mis hermanos, nos sentimos muy afortunados porque nuestros padres están vivos y sanos. El principal rol de mi madre, fue el de ser mamá. Ahora que todos sus hijos tienen sus propias familias y ella se encuentra en sus ochentas, tiene dificultad para encontrarle sentido a su vida. A pesar de todas las opciones que le hemos ofrecido, no logramos que ella agregue actividades a su día a día que le den felicidad. Solo quiere a sus hijos cerca.

Es un delicado balance entre respetar y honrar su vida y hacer la propia. Por tanto, compartimos bastante tiempo con ella, y cada quien tiene su hogar. Me paseo entre el amor que siento por mi mami, la compasión por sus decisiones. También respeto la clase de vida que he decidido llevar y el tiempo que dispongo para ella.

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Constantemente me pregunto si estoy actuando de manera correcta. Para hacerlo, me imagino cómo me sentiría cuando mi mami ya no esté en este plano. ¿Sentiré que hice todo para darle una buena calidad de vida? ó ¿Sentiré que pude haberle dado más? Esa es una medida para evaluar mis decisiones.

Al mismo tiempo he aprendido que debo poner límites. Es un delicado balance, pues demanda mucho, pero también merece mi tiempo, atención y afecto. Cuando estoy a punto de perder la paciencia, me imagino que de niña le pregunté un millón de veces la misma cosa o supongo todas las noches que tuvo que dejar de dormir pues yo o alguno de mis hermanos estaba enfermo.

¿Padre o Madre de nuestros padres?

A veces no es lo que hacemos, sino desde dónde lo hacemos. Parece un juego de palabras, pero aquí te lo explico más. Si tomas una decisión que involucra a tus padres basado en que ellos no saben, no pueden o que tú sabes más que ellos lo que necesitan, los estás irrespetando. 

Por ejemplo, a mami no le gusta botar nada. Llegar a su casa, tomar cosas y botarlas, es un irrespeto basado en que yo sé lo que está mejor para ella. A fin de cuentas es su casa. 

Muchas veces he tenido esta tentación, a veces he caído en ella. Sin embargo, la mayor cantidad de veces me recuerdo que ellos son grandes y tienen el derecho de vivir como lo deseen.

Pensarnos o actuar como padres de nuestros padres no es una buena idea. Mejor es honrarlos, dejar en lo posible que sigan tomando sus decisiones y permitirles que su vida se mantenga con dignidad. Así que veo el respeto como una forma de amor.

En fin, tal vez en este artículo no hay tantas respuestas como en los que usualmente escribo, sino más bien mi reflexiones. O si tienes algún consejo o comentario que decirme, con gusto estoy atenta a recibirlo.

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