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La timidez parte de la falta de seguridad en nosotros mismos y de una sensación de incomodidad ante distintas situaciones sociales. Este comportamiento se suele ver como algo negativo porque puede limitar la manera en la que nos relacionamos con los demás. Y es que las personas más retraídas tienen el instinto de evitar el contacto o compartir sus opiniones con otros, lo que puede llevarlos a un total aislamiento. Sin embargo, ser tímido también tiene sus ventajas a la hora de desarrollarse personal y socialmente.

Lo primero que tenemos que entender es que la timidez tiene distintos grados. En casos extremos, puede dificultar un desenvolvimiento natural y la creación de vínculos con otras personas. Esta condición debe ser tratada cuando se convierte en un obstáculo para llevar una vida normal. Ahora, cuando solo se limita a una ligera sensación de vergüenza o inquietud al estar rodeado de gente, esta puede ayudar, sorprendentemente, a desarrollar ciertas destrezas para relacionarse mejor con los demás.

En un artículo para la sección Vivo, del diario La Vanguardia de Barcelona, Sílvia Oller revela el lado positivo de la timidez valiéndose de la opinión de distintos expertos en psicología, educación, literatura y artes, quienes asocian este rasgo de la personalidad con ciertas virtudes necesarias para establecer una verdadera conexión emocional.

Por ejemplo, el investigador y educador Alexander Avila, autor de El don de la timidez (2002), explica que cualidades como la sensibilidad, la lealtad, la capacidad de escuchar, la reflexión, la modestia, el misterio y la amabilidad están íntimamente ligadas al carácter tímido. Pero antes de entrar de lleno sobre sus ventajas en el ámbito social, veamos cuál puede ser el origen de esta actitud:

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¿Se nace tímido o se aprende a serlo?

De acuerdo con la psicóloga de la Universidad Abierta de Cataluña (UOC en catalán), Mireia Cabero, este aspecto de la personalidad puede partir tanto de una predisposición genética como de la presión de distintos factores sobre la conducta, como “el entorno, la educación recibida, las experiencias vividas, los retos que nos pone la vida y nuestra capacidad para hacerles frente…”.

Del mismo modo, Gerardo Castillo Ceballos, profesor emérito de la Facultad de Educación y Psicología de la Universidad de Navarra, coincide en que la timidez es un rasgo con el que se nace, pero también se puede adquirir a partir de las experiencias que moldean nuestra personalidad, en especial de aquellas que ocurren durante las etapas de formación. Los traumas infantiles, las rupturas familiares o la pérdida de seres queridos durante la adolescencia pueden tener un gran peso en el desarrollo de las inseguridades.

Pero más allá de que la timidez sea innata o no, su desarrollo depende ciertamente de distintas circunstancias. Las experiencias negativas tienden a afectar la confianza que tenemos en nosotros mismos y en los demás. Esto favorece un comportamiento reservado que tiende a evitar situaciones que puedan resultar incomodas. Si bien se puede pensar que esto reduce la habilidad para interactuar, poner ciertos límites en realidad permite relacionarse de una manera más saludable y, sobre todo, aprender de las otras personas.

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Más reflexión, menos impulsividad

Mantener la distancia con ciertas situaciones puede ser muy conveniente. A veces, es necesario alejarse un poco para tener una vista más amplia de las cosas y así poder entenderlas mejor. Estas son dos de las cualidades que destacan los investigadores sobre las personas tímidas, la observación y la capacidad para reflexionar.

Beatriz Caparrós, profesora titular del Departamento de Psicología de la Universitat de Girona (UdG), explica que los tímidos suelen ser muy cautelosos y prefieren pensar en las consecuencias de una relación antes de involucrarse con otra persona. Esta frialdad se contrapone a la pasión con la que las personas extrovertidas se entregan a las relaciones personales, dejándose llevar más por “impulsos y automatismos”, añade la profesora Cabero.

Al mismo tiempo, esa necesidad de analizar constantemente lo que ven a su alrededor se refleja en la manera en la que los tímidos se comunican. Generalmente, se sienten más cómodos escuchando lo que los demás tienen que decir y se guardan sus intervenciones para momentos importantes. Al dedicarle tiempo a la reflexión, sus respuestas tienden a ser más razonadas y tener mayor relevancia dentro de la conversación. Esta cualidad les permite empatizar mejor con otros y crear vínculos de amistad, considera Castillo Ceballos, quien también es Doctor en Pedagogía.

Otras virtudes que distingue el profesor es que suelen ser comedidos, prudentes, evitan entrometerse en asuntos que no les corresponden y tienen un “afán de superación”, este último impulsado por su interés en escuchar consejos que otros les dan. Así mismo, la reflexión también es una herramienta para conocerse mejor a sí mismos y preservar su identidad, afirma el psicólogo Castillo.

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Ser tímido en la escuela, el trabajo y las redes sociales

Obviamente, cualidades como la reflexión y la capacidad de escuchar a los demás suponen una ventaja para el desempeño académico y laboral de los tímidos. Otras, como la moderación, la prudencia y la modestia, facilitan la convivencia y el desarrollo de relaciones productivas en la escuela y el trabajo. Esto hace que las empresas y los directores de personal busquen específicamente personas tímidas para ciertos cargos.

La escritora norteamericana Susan Cain menciona en su libro El poder de los introvertidos en un mundo incapaz de callarse que entre un tercio y la mitad de los empleados de una empresa son personas reservadas. Aunque haría falta aclarar que introversión y timidez no son lo mismo, pero este es un tema para otro artículo. Del mismo modo, el porcentaje de alumnos retraídos en cualquier instituto suele ser mayor que el de extrovertidos.

Sin embargo, esta actitud también puede traer algunos problemas a la hora de llevar la iniciativa en proyectos académicos o empresariales. Para evitar esto, el profesor Castillo recomienda colocarse en las primeras filas del aula o de la sala de reunión, participar activamente y no preocuparse por la reacción que los demás tengan ante nuestras intervenciones.

En relación ese último consejo, la timidez también supone una ventaja en cuanto al manejo de las redes sociales. Las personas retraídas tienden a limitar sus interacciones y tener más cuidado con lo que publican, lo que los deja menos expuestos a los peligros del internet.

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La timidez y la creatividad

Finalmente, algunas cualidades de las personas tímidas tienden a favorecer su capacidad creativa, como la contemplación y la reflexión. Estas ayudan a desarrollar la imaginación e inspirarse en experiencias propias o ajenas para producir todo tipo de arte. También suelen tener una mayor capacidad para concentrarse en sus proyectos, lo que facilita el proceso de creación.

Muchos personajes de la literatura, por ejemplo, fueron notablemente tímidos, como la escritora Agatha Christie, autora de famosas novelas policiales; el dibujante Charles M. Schulz, creador de la caricatura Charlie Brown; o el gran escritor Jorge Luis Borges, quien solía centrar su mirada en un solo espectador cuando daba conferencias para atenuar su vergüenza; entre muchos otros.

Al mismo tiempo, practicar otras disciplinas artísticas puede ayudar a modular el nivel de timidez. Las artes escénicas, como la actuación y el teatro, son actividades que fomentan la interacción social, lo que le permite a las personas tímidas exponerse a distintas situaciones para aprender de ellas. Esta es una de las mejores maneras de tratar los problemas relacionados con la timidez extrema.

Con información de:

lavanguardia.com/vivo

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