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Muchos de los sentimientos que experimentamos con regularidad son producto de nuestras vivencias. Podemos sentirnos satisfechos o frustrados dependiendo de cómo nos haya ido en el trabajo, estar ansiosos en una reunión con amigos o impotentes ante el humor de nuestra pareja en un momento determinado. Pero no todo los estados psicológicos se originan en hechos concretos. Algunos provienen de nuestra percepción de esas experiencias, como el sentimiento de abandono, por ejemplo.

Si bien este estado anímico se puede desarrollar a partir de eventos reales, como la pérdida de alguna amistad o el distanciamiento con algún familiar, el sentimiento de abandono suele trascender ese momento en particular. Por un lado, algunas personas se sienten solas porque proyectan esa experiencia traumática en otras relaciones. Otras veces, simplemente pueden tener una impresión errónea sobre la realidad. En ambos casos, esto suele llevarlas a decaer emocionalmente, limitando su forma de relacionarse con los demás y provocando otros sentimientos como la depresión.

Por este motivo, es muy importante reconocer los comportamientos que delatan cuando nos sentimos abandonados. La persistencia de este estado puede tener efectos muy negativos en nuestra salud mental y relaciones personales, por lo que es conveniente acudir a ayuda profesional para tratarlo. El psicólogo Andrés Carrillo, del portal Psicología y mente, explica en qué consiste este sentimiento, cuáles son sus consecuencias y revela de qué maneras se manifiesta en la vida de las personas:

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El sentimiento de abandono

El sentimiento de abandono está íntimamente relacionado con la noción de la soledad, un estado de aislamiento en el que no existe ningún tipo de contacto social. El abandono implica una pérdida involuntaria de ese contacto, lo que lleva a esa persona a sentirse sola. Esa sensación despierta, a su vez, un estado de angustia y da paso a la idea de que aquellos que están a su alrededor no tienen interés en nosotros. Este sentimiento puede surgir a partir de relaciones fallidas o despertarse de forma infundada en nuestra mente.

Cuando este estado de ánimo se hace muy recurrente, suele derivar en ataques de ansiedad, depresión y en la adopción del pesimismo. Carrillo, se refiere a esto último como la adopción de un “pensamiento catastrófico”, en el que el sujeto siempre intuye el peor de los escenarios en cada situación: “Los pensamientos intrusivos se apoderan de la mente de las personas, y las hacen tener ideas recurrentes de abandono; por ejemplo, “nadie quiere estar conmigo”, le soy indiferente a los demás”, “no tengo nada que ofrecer a nadie”, etc.”, señala el psicólogo.

El miedo a la soledad puede materializar la soledad

Ahora, esa angustia causada por el miedo al abandono puede llevar a alguien a alejarse de las personas que no quería perder. Bien como un intento por mantener el afecto de los demás o como un mecanismo de defensa, algunas personas desarrollan comportamientos que los empujan hacia la soledad.

El pesimismo nos hace asumir que los demás no quieren tener nada que ver con nosotros. Ante esta idea, las personas suelen actuar de dos maneras. La primera es demostrando un apego exagerado y conductas posesivas que van minando su relación con las personas que más estiman. La segunda consiste en aislarse voluntariamente de los demás para evitar la frustración de ser abandonado. En cualquiera de los casos, estas conductas autodestructivas terminan, paradójicamente, haciendo del abandono una realidad.

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¿Cómo reconocer el sentimiento de abandono?

De acuerdo con Carrillo, el sentimiento de abandono se suele manifestar a través de:

  • Pensamientos exagerados y paranoia: aunque sea producto de una experiencia pasada, este estado de ánimo se nutre de la irracionalidad, de pensamientos infundados y de la paranoia. Por ejemplo, una persona que experimenta el sentimiento de abandono… piensa que cuando la otra persona no le demuestra constantemente que siente afecto hacia él es porque no lo quiere en lo absoluto”, señala el psicólogo. Esto puede derivar tanto en el apego o como en el aislamiento.
  • Comportamiento obsesivo. La obsesión impulsa conductas extremadamente posesivas y al acoso de aquellos a quienes queremos. Es la principal señal de un apego excesivo.
  • Sumisión. Cuando se desarrolla un apego afectivo exagerado, también suelen aparecer actitudes sumisas. Carrilllo explica que “en este caso el sujeto es capaz de desplazar sus propias necesidades con la intención de mantener la compañía deseada por él”.
  • Repetir patrones de conducta. “El sentimiento de abandono es algo que muchas veces proviene desde la infancia, motivado por el hecho de no haber recibido una crianza afectiva durante las etapas tempranas del desarrollo infantil”, aclara el psicólogo. De esta manera, estos patrones de conducta se ven reflejados en esa persona, empujándola hacia un aislamiento voluntario.
  • Conductas evasivas. Quienes le temen al abandono suelen evadir el contacto social, incluso con sus personas más cercanas. Esto es, generalmente, un mecanismo de defensa.
  • Aplanamiento afectivo. “A pesar de ser solamente en apariencia, cuando el sujeto tiene la idea constante de que las personas de su entorno no le atribuyen ningún valor, comienza un patrón de comportamiento basado en el aplanamiento afectivo y el bajo estado de ánimo” concluye Carrillo.

Con información de:

psicologiaymente.com

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