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Nadie dijo que ser padres seria sencillo, pues la maternidad y la paternidad es una carrera que nunca llega su fin, y menos cuando la adolescencia llega. ¿Qué hacer o cómo manejar el comportamiento de los hijos en esa etapa de la vida?

Lo primero que todo padre de adolescente debe hacer es reorganizar la forma en relacionarse con su hijo, y esto puede ser la a través de la disciplina inductiva o razonada.

El mismo se trata de un aprendizaje o aceptación de las normas por convencimiento. El sistema refuerzo/castigo es necesario y efectivo, pero no suficiente. A medida que el niño crece debe aceptar las normas no por miedo a una sanción o espera de un premio, sino porque debe aprender a aceptar la disciplina que se le inculca.

Esta forma de disciplina se diferencia de otros dos tipos inadecuados: la forma autoritaria (“porque lo digo yo”) y la negligencia (“haz lo que quieras con tal de que me dejes tranquilo”). El único inconveniente es que no puede imponerse de la noche a la mañana.

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Errores que cometen los padres con hijos adolescentes

Problemas de comunicación

Antes de empezar conviene que tener en cuenta dos aspectos: el primero es que la conversación no siempre tendrá lugar cuando tú lo desees, sino cuando tu hijo lo necesite. Esto es una semilla que hay que plantar y cuidar. El joven irá percibiendo con el tiempo si verdaderamente escucha, sino está pensando en otra cosa, si tiene prisa o si es capaz de hacer un paréntesis y dialogar.

El segundo aspecto es que no sirve de nada utilizar estas técnicas si su conducta dice lo contrario de su discurso. Por ello es importante ofrecer al hijo adolescente, mediante el diálogo, los principios que desea inculcar en él y entre los que no debe faltar el cariño o la capacidad de reconocer los errores.

Recomendaciones:

  • Escucha y házselo saber.
  • Entiende sus sentimientos.
  • Resume sus ideas y dale información útil.
  • Elige bien el lugar y el momento adecuados.
  • Usa los mensajes YO.
  • Llega a un acuerdo parcial.
  • Acuérdate de recompensar.
  • Haz reír y ríete con él.

No cultivar la escucha

  • No inicies la conversación con un juicio previo.
  • Observa lo que estás diciendo y cómo se lo estás diciendo.
  • Asuma una postura activa, inclinándose hacia el interlocutor, colocando su cuerpo frente al del que habla, evita cruzar las piernas o los brazos.
  • Mantén un contacto visual, míralo a los ojos.
  • Realiza gestos y produce indicaciones verbales (“uh, uh”, “vale”, “lo entiendo”) que indiquen a tu hijo que lo estás escuchando.
  • Resiste las distracciones externas (ruidos, llamadas de teléfono, etc.) y las internas (preocupaciones, prisas…).
  • No interrumpas a tu hijo, déjale hablar.
  • No rechaces lo que su hijo siente.
  • No confeccione soluciones preestablecidas ni precipitadas.
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Empatizar menos

Empatizar consiste en ser capaces de aceptar que cuando alguien se porta de alguna forma, tiene un motivo, una razón para actuar así.

Resumiendo las ideas y sentimientos de lo que ha trascurrido, hazle comprender que lo has entendido, que has estado atento a lo que te decía. Utiliza frases como “si no te he entendido mal…”, “entonces lo que me quieres decir es…”.

Elegir lugares y momentos inadecuados

Sin duda este es un aspecto de suma importancia, ya que cualquier habilidad utilizada en una situación inapropiada producirá el efecto contrario al deseado. Podemos establecer unas simples normas:

  • Si vas a criticar o pedir explicaciones espera a estar a solas con tu hijo.
  • Si vas a elogiarlo, será bueno que esté con su grupo u otras personas significativas.
  • Párate a pensar si necesitas el apoyo de tu pareja, un psicólogo experto en conducta o su profesor.
  • Si ha comenzado una discusión y ves que se te escapa de las manos y no es el momento apropiado, utiliza frases como: “si no te importa podemos seguir discutiendo esto más tarde”.

No hacer uso de los mensajes ‘YO’

Esta es la habilidad que más cuesta usar y de la que puedes sacar más beneficios. No le salen las palabras, le da incluso vergüenza porque se siente vulnerable, porque significa abrirse a los demás y cree que esto nos hace débiles. Por regla general, cuando queremos transmitir nuestro disgusto por algo que ha hecho otro, lo acusamos y generalizamos la situación. Es corriente que el mensaje que envías tenga la estructura: “Tú siempre/nunca…”.

No llegar a acuerdos parciales

Esta es otra habilidad que cuesta poner en práctica porque significa ceder, reconocer que los demás, en este caso tu hijo, también pueden tener parte de razón. Y sin embargo es un buen ejemplo que puedes ofrecer a tus hijos: el ejemplo de que somos capaces de reconocer nuestros errores, con lo cual nuestra opinión cobra más importancia. Además bien usado puede conducirle al mismo punto que desea, pero dando la impresión de que ha cedido parte del terreno.

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No recompensar

El primer aspecto es insistir en tengamos cuidado para no reforzar las conductas que queremos eliminar. Esto ocurre algunas veces sin que nosotros mismos nos demos cuenta.

Terminar con actitudes de enfrentamiento

El mejor final es una sonrisa. Las habilidades referidas se utilizarán siempre en situaciones serias, de desacuerdo, de enfrentamiento o crítica; pero esto no es incompatible, más bien todo lo contrario, con acabar con una situación distendida, de reconciliación y alegría.

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Con Información de: www.enfemenino.com

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