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Las demandas de una realidad tan cruda como la venezolana hace que muchos sintamos mermar las fuerzas físicas, pero sin duda lo más golpeado que tenemos es el alma. Estamos como tristes, con espacios en donde la esperanza por momentos nos hace sonreír, pero luego de vuelta experimentamos una presencia subjetiva de fatiga, cansancio o debilidad, que nos impide realizar cualquier actividad, es decir, se nos quita literalmente las ganas por “todo”. Esto pudiera resumirse en una sola palabra: astenia.

La astenia implica una falta de vitalidad sin que haya habido una actividad física que la justifique. Esto genera la falta subjetiva de vigor para iniciar o completar una actividad. Esto se da además por la falta de concentración, que a su vez da lugar a alteraciones de la memoria y fatiga mental.

Ciertamente la “astenia” es un síntoma característico de la depresión, pero resulta que muchos la estamos experimentado sin llegar a estar en los niéveles para ser diagnosticados como “depresivos”. En el caso de la gran mayoría de los que vivimos en Venezuela, es el producto del exceso de ansiedad, el estrés laboral, las pérdidas o carencias materiales y/o afectivas, más en muchos, como efecto adverso del uso de diversos medicamentos.

Acá vale la pena hacer un paréntesis, porque ciertas enfermedades pudieran generar “astenia”: patologías tiroideas, diabetes, alteraciones suprarrenales, enfermedades infecciosas, tuberculosis, virus de inmunodeficiencia humana, artritis reumatoidea y otras autoinmunes; pero lógicamente allí es fácil entender que hay una causa, pero… ¿Cuántos casos de asténicos orgánicos conoce? Y ¿Cuántos por la situación país? Es más ¿Cuántos se han enfermado a partir de la crisis y se han convertido es asténicos?

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¿Qué debemos hacer?

Comiencen por entender que no debemos dejar que pasen desapercibidos los síntomas, creyendo que se trata simplemente de un cansancio común, porque se puede desarrollar un problema de salud físico o mental si es que esta no es la causa, y además nadie tiene por qué no vivir con bienestar, y eso es un “verdadero bien” que debe trabajarse. Eso debe ser nuestra única y personal responsabilidad.

Busquen ayuda médica, pero para comenzar, puede resultar muy útil el hacer ejercicio, y encontrar apoyo emocional en amigos, que les permita a través de conversaciones y momentos gratos, descargarse de esas cargas emocionales toxicas que pueden enfermar a cualquiera.

Insisto, un mal que nos puede afectar a todos…

Como inicié mi artículo de hoy, todos en alguna ocasión nos hemos llegado a sentir faltos de energía, pero eso es algo que se soluciona con descanso, pero esto, sin duda se vuelve un problema cuando la gran mayoría del tiempo nos sentimos débiles e incapaces casi de movernos. Llegados a este punto debemos actuar de inmediato y buscar la causa con ayuda especializada, ya que ese cansancio puede llegar a cronificarse y convertirse en un síndrome de fatiga crónica que deteriora la vida del afectado en diversas áreas: a nivel laboral, social o personal.

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